Por: Anthony García-Marín

Durante el año de 1993 asistía al primer grado en la primaria, en una escuela ubicada en Pavas de San José. El día 20 abril la lectura y colación de la fecha en el pizarrón, que se daba a primera hora, se vio interrumpida, Mario uno de mis compañeros, que usualmente no decía una palabra en clase, de aspecto un poco descuidado y menos dos desviaciones estándar de la estatura de un niño de 7 años, nos relató toda la información de la muerte del actor mexicano, Mario Moreno Cantiflas.

Como si se trátese de una presentación final de un curso, mi compañero Mario conocía toda la información respecto del suceso del famosísimo actor latinoamericano, la que nos fue compartiendo en una larga y abundante presentación. Todo lo que Mario no había hablado en dos meses de clases, lo dijo eso día, era algo que le apasionaba, su manejo del público fue impecable, todos queríamos saber más.

De regreso de las vacaciones de medio año, Mario no volvió al salón de clases. Durante los próximos seis años, Mario tampoco volvió a la escuela, al menos a esa que le permitió contar su historia y versión del fallecimiento de Cantiflas un 20 de abril de 1993. Trascurridos 27 años aún me preguntó por él, por mis compañeras y compañeros que no terminaron la primaria, de las y los cuales no volví a saber nada.

Recuerdo de la misma forma que en los primeros días del año 2008, pasadas las fiestas de fin año de San José en Zapote, caminaba por donde se ubica el campo ferial y logré ver a la distancia a mi ex compañero de la secundaria David, recogiendo comida entre la basura, lamentablemente estaba en condición de calle. Recordé que, de forma similar que, en el caso de Mario, David no terminó el primer año, en este caso de la secundaria por reprobación de materias.

Mario y David interrumpieron de forma anticipada sus estudios de primaria y secundaria respectivamente, en ambos casos pareciera que la probabilidad de un retorno a una modalidad abierta adecuada a sus edades es muy baja o nula. En el caso de Mario sus condiciones económicas eran adversas y casi precarias, tenía muchas privaciones en su hogar que quedaban manifiestas mediante el uniforme y zapatos que utilizaba en la escuela -en algún momento le pertenecieron a alguien de una estatura mayor. En el caso de David fue la reprobación de materias y un barrio que le ofrecía otras alternativas que no estaban ligadas a la educación formal.

Estos dos casos que narro de la primaria y secundaria pueden dar cuenta de un fenómeno ampliamente extendido en la población joven de barrios urbano-marginales, datos del Estado de la Educación del Proyecto del Estado de la Nación, indican que el porcentaje de personas que inicia séptimo grado (2012) y finaliza undécimo grado (2017) es del 52,7% [1], a este indicador relativo se le conoce con el nombre de desgranamiento escolar. Como se observa, este es el tiempo esperado para cursar secundaria y no contempla aquellas personas que, habiendo realizado una interrupción temporal de estudios retornan a escuelas y colegios -pueden ser incluso a la misma institución- y su tiempo promedio de conclusión y graduación de estudios es mayor.

Para los casos de Mario y David se han utilizado conceptos como el de abandono escolar, deserción e incluso fracaso escolar -principalmente en España [2], es recientemente que las discusiones académicas y pedagógicas han resonado en las políticas públicas de los ministerios de la educación de diferentes países. En el caso de Costa Rica el Ministerio de Educación Pública (MEP) actualmente se refiere como exclusión educativa al porcentaje de estudiantes que inician un año y no lo terminan [3] omitiendo el concepto de deserción que se utilizaba hace apenas una década. Mientras que lo referido al retorno o reincorporación [4] es mucho menor lo que la academia ha producido, su importancia debe ser mayor para comprender el fenómeno de la permanencia estudiantil.

En la medida que volquemos nuestra mirada a estudios de carácter longitudinal y seguimiento de grupos, nos permitiremos observar más interrupciones temporales y retornos a la escuela y mucho menos abandono o deserción, que usualmente se asocian con miradas de carácter transversal y explicaciones referidas a los individuos las cuales se enfocan o realizan énfasis en dichos puntos de una larga y compleja trayectoria escolar.

Referencias:

[1] https://estadonacion.or.cr/estadisticas/

[2] Zambrano Leal, A. (2016). Fracaso escolar y relación con el saber. Elementos de comprensión de las teorías sociológicas de base. Praxis Educativa (Arg), 20(2). http://www.redalyc.org/resumen.oa?id=153146912002

[3] Gaete-Astica, M., & Jiménez Asenjo, W. (2013). Estudio de la exclusión educativa y abandono en la enseñanza secundaria en algunas instituciones públicas de Costa Rica. Revista Electrónica Educare, 17(1), 105-128.

[4] La reincorporación es un concepto más institucional, mientras que el retorno es un conceto más sociológico.