Escena de la Película «Las Sufragistas» (2015). Directora: Sarah Gavron

Por: Maikol Picado Cortes

En esta ocasión tengo la oportunidad de referirme a varios textos de masculinidad y una película que refleja la lucha de las mujeres por la igualdad de derechos entre hombre y mujeres, el obra cinematográfica se llama “Las Sufragistas”, la misma se desarrolla en la Inglaterra de 1912, en la coyuntura del movimiento de mujeres a favor del voto femenino (llamadas sufragistas en tono despectivo). Este grupo de mujeres son obligadas a soportar una serie de situaciones violentas por la defensa de sus derechos, situación que deja ver una serie de conductas machistas y abusos que propicia el sistema patriarcal. El movimiento sufragista es catalogado como la segunda ola del feminismo y abogaban no solamente por el derecho al voto, también, por una jornada laboral de 8 horas, el derecho a la educación y derechos económicos.

La película presenta una serie de abusos sistemáticos que sufren las mujeres en general en la sociedad de la época, pero además, los abusos se incrementan cuando las mujeres luchan por el voto y por traerse abajo concepciones establecidas en el imaginario social sobre la superioridad de los hombres sobre las mujeres y la incapacidad de estas últimas por ostentar los mismos derechos que los hombres a raíz de su “Constitución biológica y psicológica inferior”, esto se expone en varias escenas cuando tildan a las mujeres de “no poder controlar su temperamento, no tener balance de mente en la política, perder la estructura social si las mujeres acceden derechos y no ser nadie ni nada en el mundo”.

Además, la película permite identificar características machistas y del patriarcado que poseen los hombres en su actuar y que han sido teorizadas y expuestas por diversos autores entre los que destaca Gilmore (1994) que identifica ciertos mandatos para los hombres presente en un gran número de sociedad alrededor del mundo, construidas y trasferidas por la cultura.

Los mandatos a los que se refiere Gilmore (1994) son: ser protector, ser proveedor y demostrar constantemente la virilidad (ser capaz de reproducirse), estos mandatos universales son reproducidos por medio de ritos y costumbres diversas pero que tienen como único fin, demostrar la superioridad del hombre, sobre la mujer, sobre el ambiente y sobre otros hombres. En varios fragmentos de la película se ve como los hombres necesitan validar su virilidad (entendida desde lo sexual, lo que significa ser hombre, como se construye esto y se mantiene en lo social), como cuando el jefe de la lavandería abusa psicológica y sexualmente de las mujeres, cuando les grita y falta el respeto y la explotación laboral que sufren, porque su jefe les da “la oportunidad” de trabajar horas extras.

En otra de las escenas es posible observar la manipulación de parte de los hombres que se presentan como cuidadores y protectores de las mujeres, esto para disfrazar el control y el abuso del que son víctimas las mujeres, por ejemplo, cuando el esposo de Maud le dice que “él solo quiere cuidarla, que siempre lo ha hecho”, lo anterior para justificar su molestia y negativa porque su esposa asista al grupo de mujeres en pro del voto femenino. Además, son los hombres quienes controlan los ingresos y el dinero de sus parejas, esto afianzando la idea de que ellos son quienes tienen el derecho y la obligación de ser proveedores, aun cuando los ingresos de la familia sean producto del esfuerzo y trabajo de ambos.

Está presente en la película la construcción y reproducción de un imaginario social que invita a creer que los hombres tienen el poder sobre su entorno, creando así la idea falsa (también en el imaginario de los hombres) de la superioridad de este sobre el resto de las especies en el planeta. Se instauran entonces estas ideas en las instituciones, y en las dinámicas cotidianas de las sociedades, es ahí donde adquieren valides y legitimidad, en esta dirección, los teóricos han propuesto el concepto de masculinidad hegemónica, que está presente en algunas sociedades y cuya principal idea es un modelo de hombre donde la categoría principal que lo define es el poder sobre la mujer, los niños y las niñas, otros hombres y la naturaleza, para Connel (s.f.) “La masculinidad hegemónica se puede definir como la configuración de práctica genérica que encarna la respuesta corrientemente aceptada al problema de la legitimidad del patriarcado, la que garantiza (o se toma para garantizar) la posición dominante de los hombres y la subordinación de las mujeres” (p.12).

Por otro lado, las mujeres en la película,  indicaban como consigna de protesta, que ellas trabajan igual y más que los hombres, además, que como mujeres eran iguales a los hombres y por ello debían tener los mismos derechos, sin embargo, los hombres reniegan a tal idea y expresan que el hombre es “superior por naturaleza” que las mujeres, tal afirmación es consistente con lo que desarrolla Kimmel (s.f) en relación a las masculinidades, “la identidad masculina nace de la renuncia a lo femenino, no de la afirmación directa de lo masculino, lo cual deja a la identidad de género masculino tenue y frágil”(p.6), en la película este referente femenino es expresado en el rol que desempeñan las mujeres, en el cuidado de los hijos, las labores del hogar, la subordinación de la mujer ante el abuso, además,  la compasión y la ternura son exclusivas de las mujeres, el hombre debe exigir respeto a “su mujer” y no dejarse amedrentar por las ideas de cambio que estas proponen. En la película la pareja de Maud da en adopción a su hijo porque él no puede ni debe hacerse cargo de la crianza y cuido del menor, en términos humanos y actuales esto lo convierte en uno hombre inútil, termina afirmando “su masculinidad”, pero haciéndose daño y haciendo daño a su hijo y su expareja.

También existe un total sometimiento de las mujeres a la voluntad de los hombres, esto queda claro en varios fragmentos de la película, como el ocultamiento de los abusos del jefe de la lavandería a las mujeres que ahí trabajan y la imposibilidad de responder de frente a los gritos y agresiones del jefe a una de las trabajadoras que no tiene más remedio que aceptar con la cabeza baja y no responder ante los insultos. También son los hombres quienes manejan los recursos de sus esposas, ya sea el salario o la fortuna de ellas. Hay casos particulares como el de Edith Ellny quien, si recibe apoyo de su esposo, además, este pertenece a la liga varonil, una especie de asociación de hombres que causa burla y desprecio en otros hombres.

Existe todo un movimiento por parte del Estado y de los hombres por silenciar a las mujeres que luchan por sus derechos, al punto de encarcelarlas, privarlas del derecho al maternaje, abusarlas física y sexualmente, desprecio de sus parejas al punto de sacarles de su casa y enviarlas a la calle.

El abuso se presenta también de hombres sobre otros hombres, muchos de los esposos de aquellas mujeres que protestan son ridiculizados y amedrentados, lo que provoca en ellos frustración, misma que descargan con sus esposas, en el tanto ellas son sus mujeres y no pueden “ponerlos en ridículo”. Existen, además, categorías de mujeres, algunas mujeres no son “nada en el mundo”, no son ni serán escuchadas porque a nadie le interesa, otras al menos tienen la oportunidad de ser escuchadas.

Estas dinámicas pueden ser cambiadas a partir de cuestionar lo establecido, lo que puede significar ir en contra de lo que imponen las instituciones sociales como la familia y el Estado, así lo hacían ver las mujeres de la época cuando indicaban que “no es solamente respetar la ley sino más bien hacer a la ley respetable”, o cuando se pide la rebelión y desobediencia civil ante los abusos y atropellos de los que son víctimas estas mujeres desde el Estado y en la familia misma (negar el derecho de las mujeres a ver a sus hijos, encarcelamientos, violencia física por medio de represión policial y Estatal, silenciamiento de la prensa, encargo a los esposos de la disciplina de sus esposas, entre otras situaciones que aún hoy, más de 100 años después, aún se siguen dando).

El trabajo sobre estas dinámicas dañinas hoy en día está más vigente que nunca, tanto en la reivindicación de los derechos y la igualdad para las mujeres como la búsqueda de masculinidades más acorde con los derechos humanos, el amor y el respeto por el otro y por el medio (ecosistema) donde vivimos.

Bibliografía.

  • Gilmore, D. D. (1994). Hacerse hombre: Concepciones culturales de la masculinidad. Barcelona, España: Paidós.
  • Raewyn Connell. Masculinities, 2 ª ed., publicado en ingles por Polity Press, 2005.
  • Michael S. Kimmel (s.f.) Homofobia, temor, vergüenza y silencio en la identidad masculina.
  • Enlace de la película: https://vimeo.com/360381531