Plantilla tomada de freepik.es

Por: J. Raúl García Fernández

Para este post hice una pequeña visita a la Encuesta Nacional de Cultura -ENC 2016- . Al inicio, me resultó una visita un poco extraña, pues lo primero que vi fue una matriz con un montón de números, unos que iban de arriba a abajo y otros de izquierda a derecha y que se cruzaban entre sí, según los quisiera ver.

Pero poco a poco, fui pasando por salones donde hay documentos que me prestaron ayuda y me orientaron para comprender el significado de aquellos números. Como en una exposición de esas con luces o al aire libre, las personas organizadoras dejan pistas o destacan aspectos importantes que ayudan a los y las visitantes a interactuar con lo observado. Así me pasó, mientras me informaba y trataba de entender qué significaba aquel asunto.

Pues bien, después de eso quisiera mostrarles una brevísima parte de la información posible de construir desde aquel conjunto de datos. Específicamente, hablaremos de la lectura de libros entre la juventud que habita este país. Veremos si hay diferencias relativas según la condición migratoria y la región socioeconómica de residencia.

Antes quisiera realizar unas aclaraciones. La selección de la lectura de libros vino de una visita aún más breve, como quien dice, una pasada para saludar desde la calle que había hecho meses atrás con motivo de la celebración del Día del Libro -23 de abril- y no por un interés específico en destacar la lectura de libros.

Y es que, el acceso a productos educativos, artísticos y culturales, entre otros, puede hacerse mediante múltiples plataformas y formatos. El libro es uno más, en una creciente cantidad de alternativas. Y su código, es decir, la palabra escrita, es uno entre muchos.

Según sus posibilidades materiales habrá quienes leen -y no sólo libros-, mientras en otros casos se recurre a la música, al cine, a las series, a los documentales, a los multimedias, a los videos tutoriales, a los graffitis, a los memes, al dibujo, a la pintura, a la escultura, al baile, a la danza, a las obras circenses, al teatro, al diseño, a la fotografía, a las páginas de Internet, a las redes sociales, a los blogs y a un largo catálogo más.

Habrá casos donde se recurre a varios -y muchos- de estos productos y otros donde se recurre a muy pocos o ninguno, y lo más importante, no precisamente porque no se desee, sino porque hay un acceso desigual a los mismos y en dicho proceso hay grupos que están excluidos de su conocimiento, uso, aprovechamiento y disfrute.

Aquí sólo tomamos la información referida a la lectura de libros como un ejercicio inicial para intentar observar si existen diferencias relativas en dicha actividad en la población juvenil de este país, observando esas diferencias en tres grupos:

1) jóvenes que al momento de nacer su familia residía en otro país centroamericano -Nicaragua, El Salvador; Honduras y Guatemala-;

2) jóvenes que al momento de nacer su familia residía en cualquier otro país y,

3) jóvenes que al momento de nacer su familia residía en Costa Rica.

Además, quisiéramos presentar alguna información de la lectura de libros para dichos grupos según la región socioeconómica de residencia. Con esto, veremos dos diferenciadores sociales que pueden contribuir a comprender, muy inicialmente y con información descriptiva, que la lectura de libros es una práctica distribuida en forma desigual. Asimismo, que dicha práctica podría relacionarse con características de las trayectorias vitales de las y los jóvenes, por ejemplo, la migración, la región socioeconómica de residencia, el acceso al sistema educativo y la participación en el mercado de trabajo, lo cual configura parte de su condición juvenil.

En este caso, la operacionalización que hacemos remite a la lectura de libros en general, de acuerdo con el criterio temporal de la ENC, es decir, durante el año previo al momento del trabajo de campo (INEC, 2016). No ignoro, solamente dejo para otro momento, lo señalado por la literatura especializada en cuanto a la lectura de libros, donde se observa dicha actividad como un hábito que puede diferenciarse según su contexto, uso y finalidad. Así, por ejemplo, en algunas publicaciones se diferencia la lectura instrumental, académica o impuesta, es decir, aquella que refiere a la lectura con objetivos escolares o laborales[1] de la lectura voluntaria, privada o independiente, o bien, la realizada dentro de espacios de ocio con una función recreativa por gozo o placer[2]. Según menciono, dicha diferenciación, así como otros temas destacados en la literatura especializada, espero abordarlos en el futuro.

Un primer aspecto por destacar es que, en la población juvenil, cuatro de cada 10 leyeron algún libro en el periodo registrado por la ENC. En la población joven no migrante se observa un comportamiento similar que está 0.10 puntos porcentuales por arriba de la población joven. Por su parte, en la población joven migrante la lectura de libros disminuye en 0.90%.

Gráfico N°. 1
Costa Rica: Distribución porcentual de la población juvenil1/ por lectura de libros durante el último año, según característica migratoria desde el nacimiento. 2016

Fuente: Elaborado por el Centro Agenda Joven en Derechos y Ciudadanía a partir de: INEC. Encuesta Nacional de Cultura (ENC 2016), 2020.

Ahora bien, cuando desagregamos la población joven migrante se observan las diferencias relativas más significativas. Por una parte, está la población juvenil migrante centroamericana, cuya práctica de lectura de libros fue 4.43 puntos porcentuales menor al de la población juvenil total. Por otra, se encuentra la población juvenil migrante del resto de países, grupo donde se observa un porcentaje de lectura de libros 22.21 mayor al de la población joven. De esta forma, la menor práctica de lectura de libros en general, es decir, sin diferenciar la lectura instrumental de la voluntaria o independiente, se encuentra en la población migrante centroamericana.

Ahora procedamos a observar los datos al interior de cada región socioeconómica. Lo primero a destacar es que las regiones Central y Huetar Norte tienen mayor porcentaje de lectura si se compara con el dato nacional para la población juvenil (45.53%). En el primer caso, la diferencia es de 4.32 y, en el segundo, de 2.09 puntos porcentuales. Las regiones con un menor porcentaje de lectura de libros son la Pacífico Central (-13.15%), Huetar Caribe (-8.97%) y Brunca (-8.80%).

Tabla N°. 1
Costa Rica: Población juvenil1/ por característica migratoria desde el nacimiento, según Región Socioeconómica y lectura de libros durante el último año. 2016

Fuente: Elaborado por el Centro Agenda Joven en Derechos y Ciudadanía a partir de: INEC. Encuesta Nacional de Cultura (ENC 2016), 2020.

En cuanto a la población juvenil migrante centroamericana, la lectura de libros fue inferior al porcentaje regional en las regiones Brunca (-21.77%), Pacífico Central (-7.22%) Huetar Norte (-7.15%) y Central (-6.93%). Por su parte, en la población joven migrante de otros países, la lectura de libros fue mayor al porcentaje regional en las regiones Central (+29.15), Huetar Norte (+20.36) y Huetar Caribe (+10.56), e inferior en la Pacífico Central y Brunca. Por último, en la población joven no migrante las diferencias siempre son inferiores a 2 puntos porcentuales en cualquiera de las circunstancias -leyeron o no libros-. Es decir, siempre son similares a lo observado dentro de cada región socioeconómica.

Entonces, tanto a nivel nacional como regional, se observa que la lectura de libros es menor en la población migrante, con un especial énfasis en las y los jóvenes migrantes centroamericanos de las regiones Brunca, Pacífico Central, Huetar Norte y Central, al lado de la población joven migrante del resto de países de las regiones Pacífico Central y Brunca.

Si se tiene en cuenta que la lectura de libros es una de las posibles prácticas a considerar en la evaluación del cumplimiento de los Derechos Culturales y, en ellos, el derecho al acceso a productos artísticos y educativos, así como el Derecho Humano a la Educación, los datos presentados establecen dónde y entre quiénes como país mantenemos las mayores deudas.

El reto aún es mayor si tiene en cuenta que en la actualidad se discuten importantes recortes al financiamiento público para el sector cultura[3] y, al mismo tiempo, visibilizan los aportes que podemos hacer desde la Universidad Estatal a Distancia (UNED) y en las restantes Universidades Públicas del país.

Referencias

Arguedas-Ramírez, L. (2020). Implicaciones educativas de los hábitos de lectura en el comportamiento académico del estudiantado universitario a distancia. Revista Electrónica Calidad en la Educación Superior, 11(1), 80-110.

Cardona Puello, S. P., Osorio Beleño, A. J., Herrera Valdez, A. D. la C., & González Maza, J. M. (2018). Actitudes, hábitos y estrategias de lectura de ingresantes a la educación superior. Educación y Educadores, 21(3), 482-503. https://doi.org/10.5294/edu.2018.21.3.6

Dezcallar, T., Clariana, M., Cladellas, R., Badia, M., & Gotzens, C. (2014). La lectura por placer: Su incidencia en el rendimiento académico, las horas de televisión y las horas de videojuegos. OCNOS: Revista de estudios sobre lectura, 12, 107-116.

Elche, M., Sánchez-García, S., & Yubero, S. (2019). Lectura, ocio y rendimiento académico en estudiantes universitarios del área socioeducativa. Educación XX1, 22(1), 215-237. https://doi.org/10.5944/educXX1.21548

Fainholc, B. (2006). La lectura crítica en Internet: Evaluación y aplicación de sus recursos. Comunicar, 26, 155-162.

Fernández, E. J. (2015). Prácticas docentes que promueven o no el acceso a la lectura literaria: Sociabilidad y promoción de derechos culturales. Palabra Clave (La Plata), 5(1), 1-16.

Gil Flores, J. (2011). Hábitos lectores y competencias básicas en el alumnado de educación secundaria obligatoria. Educación XX1, 14(1), 117-134.

González de la Torre, Y. (2011). Configuraciones de las prácticas lectoras en contextos sociales. La lectura situada en la escuela y el trabajo. Perfiles Educativos, XXXIII(133), 30-50.

Granado, C., & Puig, M. (2014). ¿Qué leen los futuros maestros y maestras? Un estudio del docente como sujeto lector a través de los títulos de libros que evocan. OCNOS: Revista de estudios sobre lectura, 11, 93-112.

Guzmán-Simón, F., & García-Jiménez, E. (2014). Los hábitos lectoescritores en los alumnos universitarios. Revista Electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 17(3), 79-92.

INEC. (2016). Encuesta Nacional de Cultura (ENC) [Institucional]. Instituto Nacional de Estadística y Censos. http://sistemas.inec.cr/pad4/index.php/catalog

Orozco Monge, R., & Barahona Quesada, M. (2019). Hábitos y disposiciones hacia lectura recreacional entre la población estudiantil de la Universidad Estatal a Distancia de Costa Rica: Una aproximación sociológica desde el capital cultural. En M. Olaza, F. Arocena, & E. A. Sandoval Forero (Eds.), Sociología de la cultura, arte e interculturalidad (1.a ed., pp. 171-190). CLACSO; JSTOR. https://doi.org/10.2307/j.ctvtxw21w.12


[1]Personas investigadoras que caracterizan la lectura instrumental, académica o impuesta son: (Arguedas-Ramírez, 2020; Cardona Puello et al., 2018; Dezcallar et al., 2014; Fainholc, 2006; Gil Flores, 2011; González de la Torre, 2011; Granado & Puig, 2014; Guzmán-Simón & García-Jiménez, 2014; Orozco Monge & Barahona Quesada, 2019)

[2] La lectura voluntaria, privada o independiente es caracterizada por: (Arguedas-Ramírez, 2020; Cardona Puello et al., 2018; Dezcallar et al., 2014; Elche et al., 2019; Fainholc, 2006; Fernández, 2015; Gil Flores, 2011; Granado & Puig, 2014; Guzmán-Simón & García-Jiménez, 2014; Orozco Monge & Barahona Quesada, 2019)

[3] Al respecto, es esclarecedor el programa Desayunos de Radio Universidad del recién pasado lunes 19 de octubre de 2020, que puede escucharse en el siguiente enlace: https://radios.ucr.ac.cr/programa/radio-universidad/desayunos/.