Texto: Futuromanía: Sueños electrónicos, máquinas deseantes y la música del mañana… hoy
Autor: Simon Reynolds
Año original de publicación: 
2024
Editorial: Caja Negra
Reseñado por: Fernando Obando Reyes
Palabras claves: futuro, música, música electrónica, tecnologías contemporáneas, xenomania, IDM, EDM, futuros posibles.
Citación: Reynolds, S. (2024). Futuromanía: Sueños electrónicos, máquinas deseantes y la música del mañana… hoy (A. Ponce de León, Trad.). Caja Negra.


Como dijo Dewey: “El futuro es hoy, ¿oíste viejo?”


Hay una fuerza y vitalidad fascinante en la escritura de Simon Reynolds. Quizás es su conocimiento enciclopédico sobre música, tal vez es la evidente capacidad del autor para amarrar intertextos que superan lo musical o quizás es simplemente la profunda pasión que puede leerse en cada párrafo que dedica a describir, resonar, sintetizar, expresar, descubrir, recorrer, compartir, imaginar y visualizar la música.

Sí. Reynolds sabe que escribir de música es una práctica sinestésica, una que busca traducir sonidos a palabras, pero que topa inevitablemente con las vicisitudes del lenguaje, con sus límites y su insuficiencia para atrapar la experiencia sonora. Sin embargo, es precisamente en esa tensión caótica donde un buen narrador demuestra su oficio; Simon tiene la habilidad de inducirnos trances sensoriales que activan la música que habita en nosotros. Por esta razón, y después de zambullirme en las páginas de Postpunk: Romper todo y empezar de nuevo y Retromanía: la adicción de la cultura pop a su propio pasado, sabía que solo había un camino posible: hacia el futuro… o la futuromanía, mejor dicho.

Futuromanía. Sueños electrónicos, máquinas deseantes y la música del mañana… hoy nace como un “libro hermano” de Retromanía. Claramente, si Retromanía se dedicó a indagar la compulsiva fijación del pop hacia los revivals, los refritos, las ediciones re-re-revisitadas, los festivales y exposiciones nostálgico-musicales y muchos otros fenómenos más; la Futuromanía pone su mirada en el horizonte.

Pensándolo cuidadosamente, después de leer a Reynolds, creo que en realidad la Futuromanía a lo que nos llama es a tener una sensibilidad con el presente; pues en es allí donde la música entrega como un heraldo las noticias de los tiempos por venir… tiempos a veces utópicos… tiempos a veces tétricos. Reynolds lo dice directamente, Futuromanía “es un libro que evoca una impaciencia fanática y sin descanso”, esto probablemente porque se comprenden las consecuencias políticas de la búsqueda de futuros posibles que no se cimienten en la simplificación distópica.

Quizás una de las cosas que más agradezco de la experiencia de leer Futuromanía es que se evita la trampa de la bola de cristal (anzuelo que el escritor admite haber mordido en algunas ocasiones llenas de furor y entusiasmo contextual). A pesar de que el autor confiesa su amor por la ciencia ficción y el futuro como concepto analítico, sabe que siempre es un peligro ponerse a especular muy abiertamente del futuro de la música en sí. Hay profecías que terminan envejeciendo terriblemente y la crítica musical sensacionalista conoce varias de ellas. Debido a esto, la obra seguirá un camino distinto a Retromanía. Reynolds no nos dará una enorme disertación sobre el futuro; sino que nos mostrará una exquisita colección de escritos que provienen de diferentes revistas y publicaciones (PitchforkNPR MusicThe WireObserver Music MonthlyMelody Maker, etc.) que van desde los 90s hasta la actualidad; en donde su línea guía será la pregunta del autor por el papel de un fenómeno musical y su potencial para hacernos cuestionarnos en nuestro propio tiempo sobre lo futurístico, la ciencia ficción, lo extraño, lo desconocido, lo extraterrestre y los múltiples escenarios posibles para el devenir de la humanidad.

Por motivos de tiempo no me detendré a comentar los veintiséis grandes escritos que componen el libro, pero destacaré algunos de mis favoritos. Sin duda, la lectura inicial es un gran comienzo: “La canción del futuro: I feel love por Donna Summer, Giorgio Moroder y Pete Bellotte, y la invención del EDM”. Reynolds nos lleva por el emocionante viaje que hizo posible uno de los hits que cambiaron la música pop para siempre. Sintetizadores, discotecas europeas, el espíritu de la experimentación, la sensibilidad psicodélica y la genialidad artística fueron algunos de los ingredientes para la construcción de una de las piezas más importantes de música bailable que inspiraría a miles de artistas hasta hoy.

A mi parecer, otro ensayo que destaca la vasta capacidad léxico-musical de Reynolds es: “IDM: Boards of Canada”. Creo que hasta ahora nunca he logrado leer un artículo que capture de una manera tan fina y detallada las sensaciones que produce escuchar a esta agrupación. Liminalidad, matemática, hauntología, fantasmas sonoros que se burlan de nuestras discusiones acerca de la ilusión de la temporalidad. Esto y más es lo que les espera a las almas valientes que se atreven a deambular por los pasillos musicales del IDM (Intelligent Dance Music), un término que ha generado disputas, polémicas y posicionamientos hipérboles por algunos esnobs.

Como tercer y último ejemplo, aprovecharé para hacer trampa y mencionar “los ensayos sobre la era del internet” de Reynolds como una tercera entrada en mi top. Aquí pondré como favoritos especiales los textos sobre Rustie y el maximalismo electrónico, la xenomanía, el legado de Daft Punk y la vida del autotune. Recorreremos cientos de pasillos digitales que van desde el breakbeat hasta el brazilian phunk que inunda los videos de tik tok y los servidores de Roblox, pasando por otro sinfín de géneros que tendrán a la persona lectora buscando artículos de Wikipedia por un buen rato.

En estos escritos, se nos confronta con las múltiples ansiedades que están moldeando el siglo XXI (el exceso de información, el neofascismo, la erosión del género, las nuevas fronteras científicas, el transhumanismo, la vida digitalizada, la supremacía de las plataformas sociodigitales) y se nos demuestra que a pesar de la distopía que hemos construido, la música es un campo de incursiones en donde el futuro siempre está en disputa sin importar qué tan deslumbrantes puedan ser las innovaciones que se le asocien. Quien lea el ensayo sobre autotune de Reynolds entenderá por qué la fobia a la inteligencia artificial es una cuestión comprensible pero absurda en sus fundamentos.

Estos son solamente algunos de los momentos que dan un brillo especial a esta montaña rusa futurista a la que nos invita el libro. Es un viaje que marea y da diversos tipos de sustos a lo largo del camino, pero que logra brindar una sacudida emocional necesaria y urgente. A lo largo de las páginas varios nombres irán mostrándose: Yellow Magic Orchestra, Ryuichi Sakamoto, Keith Hudson, Dub Syndicate, Omni Trio, Skrillex, SOPHIE, Migos, Future, Kraftwerk, Phuture, Aphex Twin, Playboy Carti, Oneohtrix Point Never, Mad Professor, y un enorme etcétera pasean por las páginas del libro, el cual viene acompañado de una playlist en línea cuidadosamente curada por Reynolds, que funciona como adenda magnífica para una lectura inmersiva y multisensorial.

En el ensayo “Coda: Ficción sónica” Reynolds se pregunta: ¿Cómo una canción puede estar “adelantada a su tiempo” si la estamos escuchando en un momento determinado? Esa música del futuro en realidad es música del presente. Del ahora. El futuro se nos presenta como un concepto esquivo; muchas veces comprendido desde un deseo escapista que se incrementa en la vivencia juvenil, otras veces desde las distorsiones temporales occidentales que han encontrado una fijación en la noción de progreso, también como un lugar en disputa política o un espacio más allá de las fronteras de lo humano en donde lo alienígena y lo liminal hacen las paces. Reynolds también se pregunta: ¿por qué la música debería estar siempre rompiendo con la tradición y arrojándose a lo desconocido? ¿Hay alguna virtuosidad en esto? ¿Eso solo música… o no? Quizás no hay respuestas definitivas para estas preguntas. Pero si aceptamos la propuesta de Reynolds, en donde la futuromanía, más que especulación, es una escucha atenta del presente, entonces el ejercicio se convierte en algo más. Se abre una ventana a las sensaciones de lo impredecible por la cual entran los sonidos y exhalaciones de los mensajeros musicales que depositan sus vaticinios en nuestro ser.

Quizás está de más decirlo, pero cuando los cuestionamientos musicales del libro sobre el futuro son extrapolados a la escena musical costarricense, la paleta sonora por descubrir se vuelve una verdadera aventura de la cual poco se ha escrito. Me atrevo a decir que no ha sido por falta de interés, sino por falta de tiempo. Usualmente a nivel local nos encontramos en el arduo intento de reconstruir una pasado histórico-musical que ha sido diezmado y relegado; esto deja poco tiempo para escribir sobre el futuro en un presente desbordado de propuestas musicales eclécticas que se encuentran resolviendo los avasallantes dilemas existenciales que brotan cuando un proyecto toma autoconsciencia y se da cuenta que pertenece al ecosistema musical costarricense.

En todo caso, estoy seguro de que podremos acudir al espíritu de la futuromanía para encontrar pistas para enfrentar el porvenir. Mientras tanto, les pregunto ¿Cómo suena la música del futuro? ¿Qué futuro pueden imaginar escuchando la música del presente?

“Me gusta mucho esta idea de que la música sea el sector de vanguardia de la cultura: como alguien que ha dedicado su vida a escribir sobre música, apela a mi patriotismo profesional. Si la música tuviera la capacidad de presagiar el cambio (si no es que realmente lo provoca por sí sola), eso ciertamente ratificaría la importancia excesiva que algunos de nosotros hemos depositado en la música.”

Simon Reynolds – Coda: Ficción Sónica (Una investigación en dos partes)[1]


[1] Publicado originalmente como una serie de ensayos en la edición 1 y 2 de “Loops”, 2009 y 2010.