Por: Sergio Fuentes Acosta
Agenda Joven

La Universidad Estatal a Distancia, desde el programa Agenda Joven, como partícipe importante en los estudios de juventudes a nivel latinoamericano convocó el pasado 5 de Abril del 2016 un panel de expertos que desarrolló el tema de “Gestión artística y política cultural en Costa Rica” considerando 3 ejes importantes para su reflexión: 1) tecnología y empoderamiento; 2) gestión digitalizada; y 3) autoría. El motivo del examen de la institucionalidad de la práctica de la música nacional se da en el contexto del ciclo “Música, arte y educación” comprometidas para el presente año que incluye a su vez actividades culturales como conciertos que apelen a la sostenibilidad del gremio de artistas mediante una producción responsable comprometida en la tarea de la promoción del derecho y acceso a la educación.

Bajo este contexto se invitaron 4 profesionales de las materias, uno de ellos el señor Postdoc. Tomas de Camino Beck, ex-productor de la desaparecida disquera Automata Records, quien contaría su recorrido como músico, productor, promotor y gestor en el mundo de la música nacional desde su experiencia con la tecnología como medio posibilitador de empoderamiento político.

El objetivo fundamental de la actividad, motivar al debate mediante la reflexión de la disciplinas que comprometen todo el circuito de la música nacional. Como era de esperar, tanto el panel de expertos como el público asistente y las redes sociales alimentaron el debate cada uno desde una preocupación particular sobre la esfera política, económica y cultural de la práctica musical en Costa Rica. Diversas opiniones del suceso merecen la presente reflexión bajo el sentido de criticar nuestro estado de cosas. La motivación del presente artículo es brindar mi posición personal respecto a lo esgrimido por el señor De Camino en relación a la práctica de la música nacional.

Entrando en materia, Tomas dividió su exposición básicamente en dos momentos esenciales los cuales me permitiré desarrollarlos para la crítica, considerando el alcance de cada uno: el contexto de la música en el marco de la revolución digital, la música e industria cultural: cultura y capital simbólico. Me permito exponer cada uno según su orden de aparición:

1. Contexto de la música en el marco de la revolución digital

Según Tomás, la aparición del internet en el contexto de la revolución digital permitió reconvertir los medios de trasmisión de las propuestas en la industria musical, la televisión se “liquidiza” y la industria disquera reconvierte su relación con el acceso al contenido de los artistas, es decir los modos de producción se ven transformados en cuanto su relación con la mercancía al reducir el número de actores mediadores en el campo. Este cambio en el sistema de mediaciones permitió repensar a la industria para continuar con su funcionamiento en la acumulación de capital económico.

Sí para el señor De Camino este cambio implica una industria más democratizada a mi perspectiva remite hacia una nueva escasez: es decir, el antiguo modelo de funcionamiento de privatización del objeto musical para su transformación como mercancía sufre cambios sustanciales en cuanto a la redefinición de los límites de su presentación producto de su agotamiento al existir opciones para el libre acceso a los contenidos mediante el nuevo paradigma de la Web 2.0 (web interactiva) que permitió hackear el sistema de distribución de la industria discográfica.

Este nuevo funcionamiento posibilita lo que llama el economista Jacques Attali la “Economía de la representación” y la define como el modelo de producción donde el objeto artístico en el sistema de las mercancías entiende su valor económico desde la representación de las obras musicales, esta se da en términos de la sustitución del disco como mercancía frente a la industria de concierto como objeto de mercancía. A la vez que existe una “economía de la repetición” gracias a la multiplicación de accesos de contenido gracias a la era de sonidos grabados y retrasmitidos, en nuestro tiempo mediante la internet. Bajo este contexto la industria discográfica apuesta en mayor medida la promoción de artistas para la presentación de sus obras que en la producción de discos físicos para la mercancía funcionando en cierta medida como representante artístico sin llegar a serlo totalmente lo cual compromete su función como actor social del campo sometiéndolo a una crisis.

A nivel local son pocas las bandas que tienen relación contractual con la industria discográfica, generalmente estas autoproducen sus propuestas, mucho menos una agencia representante, en este sentido a mi parecer se vincula de forma característica este contexto de “repetición” a nivel local, una caracterizada como industria artesanal donde existen menos mediadores de las mercancías. En este sentido es incompatible pensar en que la música nacional no existe un mundo de música digital en Costa Rica puesto que ha sido la ausencia de mediadores (disqueras) la que ha favorecido la saturación de propuestas de diferentes géneros que comprenden desde propuestas más tradicionales hasta la vanguardia.

2. Música e industria musical: cultura y capital simbólico

Esta parte es tal vez la que considera más discusión por parte de la esfera pública pues fue uno de los puntos centrales de la exposición de Tomas. Su tesis se resume en la crítica hacia las prácticas de músicos nacionales en tanto se encuentran ajenas a la realidad costarricense y la necesidad de pensar una industria musical nacional que considere las condiciones costarricenses.

Considero que antes de prestar a la discusión sobre la industria musical costarricense necesaria se vuelve menester discutir conceptos como identidad y escasez. En este sentido no sólo que nos identifica como costarricenses sino también cuáles son las condiciones que lo permiten, a su vez bajo qué tipo de “escasez” debe operar si consideramos la industria musical como opción con el afán de generar mercancías propias al contexto de la institución de la música nacional.

Otro de los problemas fundamentales interesados por el señor De Camino es lo que llamo la atomización de los colectivos y refiere a los procesos de individualización de esfuerzos de las comunidades que comprenden la práctica musical en Costa Rica. La preocupación de este suceso responde a las relaciones de poderes entre proyectos hegemónicos y aquellos que apuestan a ser emergentes. Este fenómeno se puede discutir desde la reflexión sobre la burocratización posibilitada por parte de los músicos en el proceso de acceso de los capitales sociales (distinciones, contactos, redes) en el campo artístico, implica procesos de descolectivización hacia comunidades de músicos determinadas que a su vez no son reconocidas por los sistemas de promotores asociados a antiguos modelos de disqueras.

Sí bien apunta De Camino sobre la existencia de condiciones estructurales que impiden una práctica musical justa en nuestro país producto de los procesos descritos anteriormente se vuelve fundamental no sólo la discusión del acceso al campo artístico entre músicos en relación a su capital económico sino también la transferencia de conocimiento mediante pares, esto en términos de colectivizar el objeto de interés, la “escena musical”, sí queremos visibilizar las relaciones de tensión en el contexto de la práctica musical en Costa Rica que tiene sentido como problema sociológico, político y económico.

Estos ejercicios además permiten referenciar de una forma más sistemática cuáles son los actores que se comprometen en el discurso del señor De Camino como personajes con mayor poder adquisitivo a la vez que permite un examen de la institucionalización de la música nacional al estudiar sus dinámicas sociales para contextualizar sus vínculos sí encuentran relación con la violencia simbólica de estos colectivos, que según argumenta el profesional, existente en la búsqueda de capital social.

Conclusiones

En mi experiencia como sociólogo y etnógrafo de la música considero que el estudio del campo musical y sus prácticas se definen como escenarios muy complejos como para poner colocar una conclusión determinada. El tema de “La gestión musical en Costa Rica” se encuentra asociado a otros factores como el poco reconocimiento del estado en la promoción real de la cultura motivando el exceso de intervención por parte de capital privado que no posibilita condiciones de sostenibilidad a la práctica musical local, a diferencia de países como Cuba y Alemania donde se le reconoce una subvención mensual a los músicos y existen prácticas de asociación más fuertes entre colectivos por su misma idiosincrasia.

A la vez que la lógica de pensar el tema de la industria implica el proceso de privatización de capitales por lo tanto es imposible pensarlo fuera del concepto de “escasez” en este sentido la principal motivación debería centrarse en la producción de una industria artesanal que fomente en mayor medida la gran demanda de producción musical existente desde una “escasez” que entre en diálogo con el contexto de producción musical local, la ausencia de mediadores en la producción musical y la doble función de los músicos como promotores de sus propias propuestas artísticas. En esta tarea se incluye ACAM como parte de la institucionalidad que motiva la transformación política de la realidad.

En síntesis, queda mucha discusión de por medio. Muchas lecciones. Recordemos que por ahora sólo nosotros pensamos la música y nos interesa. ¡Seamos parte activa de eso! Lo político no empieza por el gobierno sino por la misma discusión de nosotros mismos, de nuestra autonomía.