
Por: Anthony García-Marín
A veinte años del asesinato de Natividad Canda Mairena, el 11 de noviembre de 2005, la pregunta central no es qué ocurrió aquella madrugada en un taller en Cartago, sino qué nos dice hoy esa escena sobre la forma en que Costa Rica produce y gestiona al “otro amenazante” (Sandoval, 2022). El caso Canda no fue solo una tragedia, ni solo un error operativo: fue la puesta en escena, crudamente televisada, de una matriz de deshumanización que combinó xenofobia, culto a la propiedad privada e indiferencia estatal. Esa matriz no quedó atrás. Se reconfigura en el presente en clave de populismo, neofascismo periférico y “guerra cultural” amplificada por redes sociales en Internet.
1. Natividad Canda como acto fundacional de impunidad nativista
La inacción policial frente al ataque de los perros rottweiler, la posterior absolución de policías, guardas y propietario, y el razonamiento judicial que validó la defensa de la propiedad privada por encima de la vida de un migrante nicaragüense consolidaron un mensaje político nítido: ciertas vidas —marcadas por origen nacional, pobreza y sospecha penal— son prescindibles. La negativa a reconocer responsabilidad estatal y a reparar a la familia de Canda selló institucionalmente esa jerarquía.
En paralelo, la circulación masiva de chistes y burlas sobre su muerte, analizada por Villegas (2007) como xenofobia humorística, y la “canofilia” denunciada por Villena —más indignación por el perro de una performance artística que por el ser humano devorado en vivo— completaron la operación simbólica: el migrante nicaragüense como objeto de risa y escarmiento, no como sujeto de derecho (Mora, 2013).
La querella interestatal de Nicaragua ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ya advertía un “clima de violencia verbal, intolerancia y xenofobia” alentado o tolerado por el Estado costarricense (Nani Alvarado, 2014). La defensa oficial respondió con legalismo y negación: mientras haya nicaragüenses viviendo aquí, no puede haber xenofobia. Esa doble negación —social (la burla) y estatal (el formalismo)— instala la clave que hoy vuelve: si no se nombra, no existe.
En esta línea, la filósofa Adela Cortina (2017) propone el concepto de aporofobia, entendido como el rechazo hacia las personas pobres o consideradas sin valor social. Este enfoque permite comprender que la deshumanización de Canda no se debió únicamente a su nacionalidad, sino también a su condición de vulnerabilidad: su vida “no valía” porque no producía, no representaba utilidad ni respetabilidad. Esa misma matriz aporofóbica —la vida que no merece protección— reaparece hoy bajo nuevas formas y nuevos rostros: mujeres, población LGBTIQ+, periodistas o defensores de derechos humanos, convertidos en los “otros” prescindibles del siglo XXI.
2. De la escena de 2005 a las derechas radicales y neofascistas locales
El hilo entre el 2005 y la actualidad no es lineal, pero es reconocible. Tras Canda viene el asesinato de José Ariel Silva Urbina en un contexto de escarnio xenófobo; más tarde, el 18 de agosto de 2018, la marcha violenta contra personas nicaragüenses en el Parque La Merced —Parque Braulio Carrillo— hace visible algo ya maduro: grupos que combinan nacionalismo étnico-cultural, imaginarios conspirativos (“invasión nica”), símbolos nazis y retórica de “defensa del país”. Sandoval (2019) lee ahí la cristalización pública de una derecha radical nativista con referencias explícitas a la alt-right global.
Treminio y Salas (2021) conceptualizan esta deriva como radicalización populista en el eje conservador: un campo político donde convergen tres elementos —nativismo, autoritarismo y populismo— que en Costa Rica encuentran terreno en la xenofobia anti-nicaragüense, el discurso de mano dura y la construcción moralista del “pueblo bueno” frente a enemigos múltiples.
En este marco, hablar de neofascismo no significa copiar y pegar el modelo histórico europeo, sino identificar una traducción local: exaltación de un “nosotros” homogéneo; búsqueda de chivos expiatorios (migrantes, feministas, LGBTIQ+, prensa, Poder Judicial); legitimación de la violencia simbólica y, en algunos casos, física; desprecio activo por las mediaciones democráticas. La escena Canda funciona como prólogo: ahí se ensayan el valor sacrificial del “otro” y la tolerancia a la crueldad.
Un ejemplo contemporáneo ilustra esta persistencia. En 2025, la candidata presidencial Natalia Díaz afirmó que la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) “se está convirtiendo en el hospital de Centroamérica” (La República, 2025). Esta declaración, presentada como preocupación presupuestaria, reproduce el mismo esquema aporofóbico y xenófobo que desvalora la vida y la presencia del migrante como una amenaza o una carga social.
3. Populismo en el poder: Rodrigo Chaves y la disputa por la institucionalidad
En esta trayectoria se inserta el liderazgo de Rodrigo Chaves. Su proyecto retoma rasgos clásicos de lo populista: simplificación de conflictos complejos en una narrativa pueblo honesto vs. élites corruptas; personalización del cambio; erosión discursiva de contrapesos como la prensa, el Poder Judicial, la academia o el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE). Ese guion conecta con experiencias previas —Otto Guevara con el discurso de “mano dura” en la campaña electoral de 2010 y Fabricio Alvarado contra la “ideología de género” en la campaña electoral de 2018—, pero se despliega ahora desde el Ejecutivo con una capacidad comunicacional sin precedentes.
La confrontación con el Ministerio Público y la organización de marchas presidenciales contra jerarcas judiciales, así como los choques con el TSE por el uso propagandístico de cuentas oficiales y redes en campaña, muestran un estilo que tensiona la separación de poderes y busca plebiscitar, en la calle y en Internet, la legitimidad de las instituciones.
Estas posturas populistas no son automáticamente neofascistas, pero se vuelven compatibles con esas matrices cuando adoptan un tono bélico frente a “enemigos internos”; se apoyan en comunidades digitales que hostigan a periodistas, defensoras de derechos humanos y opositores; o minimizan el discurso de odio bajo la retórica de la “corrección política” y la “ley mordaza”. Lo decisivo es que este estilo de liderazgo opera en el mismo ecosistema subjetivo que empezó a forjarse con la impunidad de Canda: una cultura política donde ciertos cuerpos y voces son fácilmente desechables si encajan con la figura del enemigo del “pueblo”.
4. Redes sociales, campaña electoral y mutación del odio
Veinte años después, el escenario ya no es la cámara de noticiero fijo frente al taller, sino un sistema de plataformas donde el odio se produce, segmenta y amplifica a gran escala. El Informe 2025 sobre discursos de odio y discriminación señala más de 2.1 millones de mensajes en Costa Rica, un aumento del 400% desde 2021, con un tono más violento, personalizado y emitido mayoritariamente por hombres (Naciones Unidas, 2025).
Mientras que disminuyen los ataques xenófobos directos, aumentan con fuerza los dirigidos a actores políticos, mujeres, población LGBTIQ+ y defensores de derechos humanos. Es decir, la matriz de deshumanización inaugurada públicamente con el “nica delincuente sacrificable” se desplaza hacia nuevas figuras del “otro” que desafía el orden heteropatriarcal, religioso o nacionalista.
En contexto electoral, este ecosistema no es un ruido de fondo, sino un recurso estratégico. Las campañas y liderazgos populistas leen y explotan el malestar circulante; usan redes sociales en Internet como canal directo, sin mediación periodística, para deslegitimar instituciones y adversarios; y se benefician de comunidades digitales que, en defensa del líder, producen acoso coordinado y campañas de odio.
El resultado es una campaña donde la disputa ya no es solo programática, sino existencial: quién pertenece y quién es una amenaza; qué instituciones merecen confianza y cuáles son “enemigas del pueblo”. El paso de la xenofobia abierta a formas más difusas de odio político y moral no rompe con el caso Canda: lo actualiza.
Este fenómeno tampoco es exclusivamente costarricense. Desde la política antimigratoria de Donald Trump en Estados Unidos hasta la expansión de movimientos ultranacionalistas en Europa y América Latina, se ha consolidado un clima internacional que normaliza la exclusión como herramienta política. Costa Rica no es una excepción: el populismo local se alimenta de ese repertorio global de miedo, resentimiento y polarización.
5. ¿Por qué Natividad Canda importa en 2025?
Mantener a Natividad Canda en el centro no es un gesto nostálgico ni un recurso retórico fácil. Es reconocer que:
- Ahí se probó, frente a cámaras, la posibilidad de dejar morir a alguien que encarnaba dos transgresiones clave para el nativismo: ser migrante y violar la sacralidad de la propiedad.
- Ahí se normalizó socialmente la burla ante la muerte del otro y se relativizó jurídicamente la obligación de protegerlo.
- Ahí se envió un mensaje que hoy resuena: la violencia contra ciertos “otros” puede quedar sin costo.
La Costa Rica de 2025, atravesada por liderazgos populistas confrontativos, por una derecha radical organizada y por un volumen inédito de discursos de odio en redes sociales, sigue operando sobre esa herida no resuelta. La xenofobia de 2005, la marcha xenófoba de 2018, el auge de la nueva derecha radical y la actual campaña digital forman una misma genealogía de desdemocratización: una que combina afectos reaccionarios, tecnologías de amplificación y ataques sistemáticos a quienes encarnan la diferencia.
Cerrar este texto implica decirlo sin eufemismos: recordar a Natividad Canda hoy es disputar el sentido de la democracia costarricense. Es afirmar que la lucha contra el neofascismo local —contra la violencia xenófoba, misógina, LGBTIQfóbica y anti-institucional— empieza por reconocer que el país ya toleró, se rio y absolvió una muerte que no debió ser posible. Y que permitir nuevas formas de deshumanización —aunque vengan envueltas en lenguaje de “pueblo”, “orden” o “libertad de expresión” en redes— significa repetir la misma historia con otros cuerpos.
Referencias:
Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). (2019). Migración forzada de personas nicaragüenses a Costa Rica. OEA/Ser.L/V/II. Doc. 150/19.
Cortina, A. (2017). Aporofobia, el rechazo al pobre: Un desafío para la democracia. Paidós.
La República. (2025, 18 de setiembre). Natalia Díaz: CCSS se está convirtiendo en el hospital de Centroamérica. https://www.larepublica.net/noticia/natalia-diaz-ccss-se-esta-convirtiendo-en-el-hospital-de-centroamerica
Naciones Unidas en Costa Rica. (2025, 12 de agosto). Informe sobre Discursos de Odio y Discriminación 2025. https://costarica.un.org/es/299679-informe-sobre-discursos-de-odio-y-discriminaci%C3%B3n-2025
Nani Alvarado, D. F. (2014). La querella nicaragüense ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (2006-2007). Un análisis ideológico. Aposta. Revista de Ciencias Sociales, (61), 1-32. Redalyc.
Salazar Araya, S. (2012). Violencia y criminalización de la migración centroamericana en México: Perspectivas de investigación. Anuario Centro de Investigación y Estudios Políticos, (3), 180-223.
Sandoval García, C. (2002). Otros amenazantes: Los nicaragüenses y la formación de identidades nacionales en Costa Rica. Editorial de la Universidad de Costa Rica. https://libreriaucr.fundacionucr.ac.cr/index.php?route=product/product&product_id=1458
Sandoval García, C. (2019). La marcha contra la inmigración nicaragüense del 18 de agosto de 2018. Anuario de Estudios Centroamericanos, 45, 431-455. Universidad de Costa Rica.
Treminio Sánchez, I., & Salas Naranjo, M. (2021). La nueva derecha en Costa Rica: El fenómeno de la radicalización populista en el eje conservador. Friedrich-Ebert-Stiftung (FES).
Treminio, I., & Pignataro, A. (2021). Jóvenes y el voto por la derecha radical: el caso de Costa Rica. Población & Sociedad, 28(2), 101–126. https://doi.org/10.19137/pys-2021-280206
Villegas Herrera, C. (2007). “Entre la risa y el odio”: una aproximación a la xenofobia en la producción humorística oral en Costa Rica. Reflexiones, 86(1), 45-57. Redalyc.
Villena Fiengo, S. (2011). El perro está más vivo que nunca. Arte, infamia y contracultura en la aldea global. (Reseñado por L. A. Mora Rodríguez, 2013). Anuario de Estudios Centroamericanos, 39, 479-482. Redalyc.