Por Mario Araya Pérez.
El tema del hacinamiento, las malas condiciones de vida y la violencia en la que sobreviven las personas privadas de libertad en las cárceles de Costa Rica no son algo reciente [1]. Se han venido discutiendo, dentro de las instituciones competentes, posibles alternativas a dichas condiciones no siempre con el beneplácito de ciertos sectores de la población del país, quienes no ven de buena forma aquellas medidas que buscan sacar o evitar el ingreso de nuevas personas a los deteriorados y denigrantes centros penales del país. Los centros penales juveniles no son la excepción [2], a pesar de la reciente apertura de nuevos espacios para la población penal juvenil en el Centro de Atención Especializada Adulto Joven en la Reforma, que vino a corregir las deficiencias en las condiciones de vida del Centro de Atención Juvenil Zurquí, con graves situaciones de hacinamiento en su pabellón de población Joven Adulta (mayor de 18 años) [3], no es difícil prever que con el aumento de la población sentenciada e indiciada en los últimos años dichos espacios no serán suficientes. Es por este motivo que se continúa en la búsqueda de alternativas para abordar a las personas jóvenes que comenten delitos siendo menores de edad. La Justicia Juvenil Restaurativa es un paso más por recorrer en un camino que no apele a la privación de libertad como medida para resolver la criminalidad en el país. Además, marca una ruta para trabajar con esta población, de forma que no se vean aún más violentadas de lo que ya han sido hasta ahora la mayoría de personas jóvenes que suelen ser puestos bajo una medida de internamiento en un centro penal. Pero no solo eso, sino que además pone en discusión la importancia de la construcción o fortalecimiento del tejido social, la importancia de la socialización de la persona ofensora lejos de los efectos negativos de la vida en prisión, en conjunción y otorgándole relevancia a las personas ofendidas y las comunidades en el proceso. Sin embargo, no hay que perder de vista que la apuesta esta en mejorar las condiciones de vida los cientos de personas jóvenes que sobreviven cotidianamente en condiciones desfavorables que, en nuestra propia dinámica social, hemos generado los diversos sectores de la población costarricense. Estas condiciones se manifiestan en formas de violencia estructural y simbólica, mediante la discriminación, exclusión, estigmatización y criminalización de sectores muy específicos, generalmente barrios urbano populares, “marginales” e históricamente excluidos. No se trata solo de desjudicializar, sino de evitar que las personas jóvenes y menores de edad se desarrollen en contextos de violencia social, y lleguen a recurrir al delito o incorporar la violencia como única alternativa para sobrevivir al riesgo a que estos contextos los exponen.
Fuentes consultadas:
Noticia principal
http://www.poder-judicial.go.cr/index.php?option=com_content&view=article&id=117&catid=8&Itemid=256#
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[1] La Nación. (2015). Hacinamiento en cárceles alcanza cifra record de 51%. Recuperado de http://www.nacion.com/sucesos/seguridad/Hacinamiento-carceles-alcanza-cifra-record_0_1474652552.html [2] La Nación. (Marzo, 2015). 100 jóvenes cumplen castigo en estrujado chiquero. Recuperado de http://www.nacion.com/sucesos/seguridad/jovenes-soportan-castigo-estrujado-chiquero_0_1475852425.html [3] La Nación. (Julio, 2015). 190 reos del ámbito adulto joven olvidan hacinamiento. Recuperado de http://www.nacion.com/sucesos/seguridad/ambito-adulto-joven-olvidan-hacinamiento_0_1499050106.html