
Libro: «La muerte violenta como realidad cotidiana. El Salvador, 1912-2016»
Autor: Knut Walter
Año original de publicación: 2018
Editorial: AccesArte
Reseñado por: Mario Araya Pérez
Palabras clave: Centroamérica, violencia, sistema carcelario, sistema penitenciario, delito, policía, inseguridad.
Citación del libro: Walter, Knut. La muerte violenta como realidad cotidiana: El Salvador, 1912-2016. 1ª ed. digital. San Salvador: AccesArte, 2018. 217 páginas
El texto “La muerte violenta como realidad cotidiana: El Salvador, 1912-2016.” nos permite identificar una preocupación social de las personas salvadoreñas respecto a la violencia en dos sentidos; primero la gravedad de esta y segundo la cuestión de la sensación de inseguridad en los espacios públicos. De ahí, que una de las nociones teóricas utilizadas en el texto sea la de “violencia social”, entendida como aquella violencia que se expresa en los espacios públicos en los cuales el Estado tiene algún grado de injerencia. Lo que, aunado a algunos elementos desarrollados en los capítulos del texto, posibilita identificar entre una violencia interpersonal, grupal e institucional. Que respectivamente, señala el autor, va de lo más común a lo menos común y finalizando por aquello que es más difícil de cuantificar. Esta idea de la cuantificación va a ser fundamental, pues el indicador principal de violencia que va a ser referido a lo largo de texto es el registro de los homicidios, y su análisis en términos tasas (sobre todo departamentales y nacionales, en menor medida municipales). A partir del cual se va a poder realizar un proceso de comparación a lo largo de distintos periodos históricos y geográficos dentro del territorio salvadoreño. Y de cuyas magnitudes, distribuciones y tendencias posteriormente se va a pasar a un análisis de sus situaciones y motivaciones.
Se identifica como tema general del texto las continuidades en las situaciones y motivaciones de la violencia social previo y post conflicto. Y como objeto de estudio la muerte violenta cotidiana. Aspectos sobre los cuales se puntualizan las siguientes preguntas:
- ¿Cómo se explican las diferencias regionales en las tasas de homicidios y la violencia social?
- ¿Cómo se explican las altas tasas de homicidios en general?
- ¿Cómo se explican los cambios en los patrones de violencia antes y después del conflicto armado?
Estas preguntas van a ser respondidas a partir de una transformación en datos de la información disponible, la mayor de las veces escasa y fraccionada, pero además de distinta naturaleza. La cual está registrada sobre todo en leyes y reglamentos, anuarios estadísticos, memorias ministeriales, resúmenes de juicios en revistas judiciales, y entrevistas testimoniales.
El texto está dividido en seis secciones:
- Una introducción general al tema en estudio.
- Un repaso por los distintos Códigos Penales, y otras leyes conexas sobre todo relativas a los agentes que velan por su cumplimiento.
- Un análisis sobre las tasas de homicidios y otros indicadores relacionados (encarcelamiento y armas).
- Un análisis de las situaciones y motivaciones de la violencia previo al conflicto armado.
- Un análisis en iguales términos, pero del periodo post conflicto.
- Finalmente, unas conclusiones que resumen algunas de las ideas pero que incorpora también algunos otros elementos nuevos a lo discutido a lo largo del texto.
Capítulo 1. El Estado y la violencia
En este capítulo autor hace un repaso de las leyes y gestión del estado salvadoreño respecto a la seguridad pública y la justicia a inicios del Siglo XX hasta los años posteriores a la firma de los Acuerdos de Paz en 1992. En este sentido, el capítulo se divide en cuatro secciones: “marco legal”, “agentes e instituciones del estado”, “sistema de justicia” y “respuesta del estado”.
El autor hace énfasis en los Códigos Penales (1880, 1904, 1973 y 1997), mediante los cuales se aprecian algunas transformaciones y cambios importantes de los mismos. A lo largo de la discusión planteada por el autor se puede apreciar aspectos relacionados los castigos y el tipo de penas para las personas sentenciadas por un delito. Se muestra una tendencia hacia la reforma y simplificación de las penas, pero, al mismo tiempo, se empiezan a alargar las penas de cárcel. Asimismo, se puede ver la incorporación de principios garantistas (en 1973) y la abolición de la pena de muerte (en 1997). Otros instrumentos jurídicos son tomados en consideración por el autor como lo es la “Ley de Policía” y la “Ley de Estado Peligroso”, promulgadas en 1885 y 1953, respectivamente. Ambas se complementaban y operaban como medida preventiva o de defensa social respecto a lo prohibido, lo permitido y lo dañino para la sociedad salvadoreña. Las prácticas y personas asociadas a la vagancia, la ebriedad, los juegos de azar, portación de armas, proxenetismo, eran motivo de detención, encarcelamiento o pago de multas.
Junto a lo anterior, es importante resaltar los escasos recursos estatales para la rama de la justicia. En 1912 se crean la Guardia Nacional (GN) y la Policía Nacional (PN), las cuales serán disueltas después de los Acuerdos de Paz en 1992. Dichos cuerpos tenían diferencias marcadas en cuanto a su presencia en las regiones, recursos y equipo. Quizá uno de los aspectos más relevantes es la creación de “auxilios civiles”, es decir, personas seleccionadas, sobre todo en zonas rurales, para que cumplieran funciones de vigilancia y captura de sospechosos antes de ir a tribunales. Se resalta la ineficacia del sistema judicial y policial a la hora de procesar y condenar un delito. Esto se reflejaba, por un lado, en el número de personas indiciadas, el cual excedía con creces el número de personas sentenciadas y, por otro, en la gran cantidad de personas excarceladas que pasaban meses o años sin ser condenadas por un delito. Las ocasiones en que el delito terminara en juicio, las sentencias absolutorias y condenatorias eran desproporcionadas, por lo que muchos delitos quedaban impunes. Se produjo así un efecto de abstinencia a la denuncia y temor a represalias. Cerca de la guerra civil de 1979, el sistema de justicia se ve colapsado y sin recursos suficientes por la agenda bélica que empezaba a perfilarse.
El autor enfatiza en que, en términos generales, ante la criminalidad y la violencia, la respuesta del Estado ha sido capturar y condenar personas sospechosas. Lo cual no se traduce en eficacia y reducción en los índices de violencia.
Capítulo 2. Violencia social: magnitudes, distribución y tendencias
En este capítulo el autor compila y analiza la estadística sobre homicidios y temas afines que permiten brindar una fotografía de la violencia social salvadoreña antes y después del conflicto armado. En este caso, el capítulo está dividido en cuatro secciones: “el abordaje de los datos estadísticos”, “la estadística de la violencia: 1912-1949”, “la estadística de la violencia: 1950-1979” y la “estadística de la violencia: 1992-2016”.
En este sentido, lo principal es ver tendencias de las estadísticas de la violencia reflejadas en muertes. Entre 1912 y 1949, se puede ver que hasta 1934 las tasas de homicidio se encontraban “repartidas” de manera más o menos proporcional en términos territoriales: occidente, centro y oriente. No obstante, a partir de 1939, inicia un proceso en el cual las tasas de homicidios aumentan en la parte oriental de El Salvador. Entre 1950 y 1979, se puede ver que las tasas de homicidios se consolidan como las más altas en la parte oriental, mientras que en occidente y el centro se presentan las tasas más bajas de homicidios (incluso más que la media nacional). No obstante, entre 1992 y 2016, las tendencias cambian sustancialmente: las tasas de homicidios más altas se desplazan a las regiones del centro y occidente del país, en la parte oriente las tasas disminuyen. El autor plantea la pregunta acerca de cómo entender dichos cambios y movimientos de la violencia homicida en El Salvador.
La primera explicación el autor se vincula con la presencia del estado, sus instituciones y agentes en función de la protección de la propiedad y el orden social en las regiones agroexportadoras. En este sentido, por ejemplo, a inicios de cultivo intensivo de café en occidente y centrales del país y, posteriormente, la extensión del cultivo de algodón en oriente hizo que el estado incidiera en los niveles de violencia social, ya sea a manera de represión, captura o restricciones. La segunda explicación de los cambios territoriales, alzas y bajas en las tasas de homicidios también se asocia con el control social ampliado del estado en zonas rurales y el fortalecimiento de organizaciones paramilitares de escoltas y “patrullas cantonales” (denominadas anteriormente como “auxilios civiles”), pero, además, se asocia con la ampliación de servicios médicos y red de transportes, lo cual propició una atención más rápida personas heridas y bajas en tasas de homicidios. La tercera explicación se asocia a cambios profundos de El Salvador después del conflicto armado: un país mayoritariamente urbano, necesidad de una mayor presencia del estado en la ciudad, relaciones complejas con el exterior y la abundancia de armas de fuego en circulación. En este sentido, las tasas de homicidios altas se encuentran en zonas más urbanizadas y en donde existe fuerte presencia de pandillas.
Capítulo 3. Violencia social antes del conflicto armado: circunstancias y detonantes
En este y el próximo capítulo el autor presenta una preocupación capital: las causas, características, motivaciones y entornos sociales de la violencia homicida, su intensidad y su distribución a través del tiempo (antes y post conflicto armado). En esta ocasión, el capítulo está dividido en tres secciones: “entorno social de la violencia en el Siglo XX”, “situaciones y detonantes de la violencia” y “recapitulación”.
Cabe destacar que antes del conflicto armado la población salvadoreña era mayoritariamente rural que trabajaban en cultivos cercanos, además, tenían un limitado acceso a servicios (salud, educación, justicia y policía). Al permanecer lejos de la ley del estado y sus agentes, las comunidades dirimieron sus propios conflictos y formas de justicia. A pesar de la existencia de las “patrullas cantonales”, las cuales cumplían funciones muy variadas, no tenían una labor policial eficaz.
En este contexto, se elabora una propuesta en la clasificación de los hechos de violencia y sus detonantes, entre los cuales se encuentran: las riñas, enemistades, pasiones y sentimientos, propiedades, conflictos con el Estado, bromas y accidentes. Lo anterior es entendido por el autor como “delincuencia común”, con el propósito de diferenciarlo de la violencia ocasionada por grupos de pandillas que se abordan en el siguiente capítulo. En la revisión de casos que llegan a la Corte Suprema de Justicia existieron algunas de las generalidades de la clasificación propuesta es la presencia de alcohol, homicidios premeditados y extendidos en el tiempo, ajustes de cuentas, venganzas, contratos, disputa por mujeres (vistas como propiedad), defensa de honor, rumores o chismes, deudas y apuestas, abusos de autoridad y represión, formas de resistencia hacia el control social estatal, mal entendidos en bromas y accidentes de tránsito.
Es intención del autor destacar la variedad en las expresiones y causas de violencia para señalar que no son exclusivas de El Salvador, dado que se puede ver que situaciones similares ocurren en otras latitudes. No obstante, argumenta que la intensidad de tales expresiones reflejadas en las tasas de homicidios sí distingue en buena medida a El Salvador en comparación con otros países. El autor se distancia en este caso de las explicaciones relacionadas con condiciones naturales o propias de las personas y más bien apunta a una relación compleja que deviene de contradicciones entre aspectos relacionados con la ley planteada desde el Estado y las costumbres de las comunidades (portación de armas blancas o de fuego por “rigor”), la ejecución de justicia por sus propias manos ya sea por desconocimiento o por rechazo a lo establecido por la ley del Estado.
Capítulo 4. Violencia social después del conflicto armado: circunstancias y detonantes
Este capítulo se divide en unas anotaciones introductorias y tres secciones: “entorno social de la violencia de posguerra”, “situaciones y detonantes de la violencia social de la posguerra”, y finalmente “análisis de cifras”.
Uno de los primeros señalamientos es que la intensificación de la violencia en este periodo es algo que no se había visto antes del conflicto armado. Sin embargo, de acuerdo con el autor, este periodo mantiene algunas características importantes respecto al periodo anterior referidas al tema de la migración (ahora hacia Estados Unidos), una generalización en el porte de armas de fuego y una agudización de la pobreza alrededor de zonas con mayores niveles de desarrollo económico. Lo anterior se relaciona a la necesidad actual de recurrir a la informalidad y la ilegalidad como estrategias de supervivencia. También se señala un exceso en la responsabilización de las pandillas como elemento explicativo en la comprensión de la violencia social.
De igual manera, el entorno para este periodo está marcado por un alto pero desigual proceso de urbanización, en todo el territorio. Aparecen las comunidades llamadas marginales, con falencias en términos de empleo, educación, vivienda, salud, servicios y seguridad. Además, es un periodo con grandes transformaciones institucionales, incluyendo la familia y la aparición de la Policía Nacional Civil, como único cuerpo policial. Especialmente, en este momento hay una emergencia y consolidación de una serie de problemáticas asociadas a las personas jóvenes como las grupalidades informales juveniles (1950-1970), enfrentamientos entre grupos juveniles (1990) y pandillas (1993). Elementos que se intensifican a raíz de las deportaciones desde estados unidos a inicios de los años 90 (excarcelados pertenecientes a las pandillas MS13 y Barrio 18).
Pese a este contexto de consolidación de las pandillas, y su consecuente participación en las situaciones de violencia social, se argumenta que la “delincuencia común” sigue jugando un papel importante, lo cual se refleja en las estadísticas. Dentro de los aspectos relevantes que se señalan es que del año 1992 al 2016, las muertes son superiores a las del periodo de conflicto armado y que como estrategia se han venido incorporando activos del ejército para el control del fenómeno de la violencia, cosa que no ha significado necesariamente una mejoría. Adicionalmente, se habla de un nuevo desplazamiento de la violencia hacia oriente, relacionado con el narcotráfico y la cercanía al pacífico.
Capítulo 5. Conclusiones
Al igual que los capítulos anteriores, en este referido a las conclusiones se inicia con algunas anotaciones introductorias y se divide en cinco secciones: “Estado y violencia”, “juventud y violencia”, “jerarquía social y violencia”, “problema de la justicia”, “finalmente multiplicidad de causas, detonantes y expresiones de la violencia”.
El señalamiento más importante que se puede mencionar es que, cuando se piensa en la violencia social y cómo resolverla, la sociedad salvadoreña apela a un retorno a un pasado idílico, supuestamente más pacífico o mejor a la situación actual, por lo que el autor hace la observación de la necesidad de contrastar la realidad actual con la de otros periodos históricos. Se argumenta que el Estado Salvadoreño se ha caracterizado por una oscilación entre dos lógicas de estatalidad, una más cercana a Hobbes (arrogarse poderes, Leviatán) y otra más cercana a Locke (ciudadanía se autorregule, valores). Para el autor, los conflictos violentos son una característica de todos grupos humanos, el papel del Estado tiene como objetivo ordenar las relaciones y mantenerlas dentro de los límites de lo permitido.
Respecto al Estado se señala que este ha sido esencialmente punitivo, pese a ciertos atisbos de prevención que se han planteado. La violencia social ha preocupado en términos del establecimiento de la culpabilidad de los individuos y el dictado de sentencias. Pese a lo anterior, las cárceles siguen estando marcadas por la falta de sentencias propiamente dichas y prima la desconfianza hacia el sistema judicial. Esto se une muy bien con los señalamientos que se hacen respecto a la idea de justicia y la de jerarquía social, pues frente a una ausencia o insatisfactoria respuesta de parte del Estado, las comunidades y las personas históricamente se las han ingeniado para asegurar una responsabilización de quienes consideran culpables, lo cual genera tres niveles de justicia: la del Estado, la personal y la comunitaria. En este sentido, la ausencia del Estado posibilita la emergencia de grupos organizados de distintas maneras y se producen poderes fácticos.
En cuanto a los jóvenes, el señalamiento más importante tiene que ver con la identificación de que son principalmente los hombres jóvenes quienes han sido los protagonistas en el fenómeno de la violencia social, dado que son tanto como víctimas como victimarios, en las zonas urbanas y rurales desde al menos mediados del Siglo XX.
Finalmente, para cerrar estas breves notas del texto de Knut Walter, se puede recuperar una cita desde la cual es posible problematizar algunas ideas en de futuras investigaciones referidas a la violencia:
Solamente el Estado puede mantener cárceles, cobrar multas y tratar de rehabilitar al delincuente; bajo la tesis del sociólogo Max Weber, el Estado tiene el monopolio del uso de la fuerza legítima. Pero cuando no se recurre a la ley para que se haga justicia, las personas —las familias, las asociaciones, los grupos o los individuos, en las comunidades rurales y urbanas— terminan haciéndose cargo de impartirla. Y como las personas particulares no disponen de cárceles ni tienen la potestad de imponer multas, la justicia de las comunidades es inusualmente violenta y, en ausencia de tribunales y procesos judiciales, necesariamente más expedita (Walter, 2018, p. 185).
