
Texto: El gran Inquisidor (parte del libro Los Hermanos Karamazov)
Autor: Fiódor Dostoyevski
Año original de publicación: 1880
Editorial: Alianza
Reseñado por: Nora González Chacón
Palabras claves: literatura universal, religión, ética, teología, moralidad, filosofía.
Referencia: Dostoievski, F. (1880). Los hermanos Karamazov. Alianza Editorial.
La inquisición moderna y la promesa de la libertad sin milagros.
Por: Mdh. Nora González Chacón (Politóloga y Abogada – Investigadora de la UNED. Costa Rica)

Símbolo del Yin Yang. Imagen tomada de wikipedia.org
El capítulo El Gran Inquisidor del libro Los hermanos Karamazov de Fiódor Dostoyevski presenta la dualidad expresada de formas diferentes: bien-mal, vanidad-humildad, poder-libertad, verdad-mentira, verdad-engaño, amor-desamor, libertad-esclavitud, inteligencia-estupidez.
En El Gran Inquisidor se narra que luego de quince siglos regresa Cristo a reencontrarse con sus fieles mientras el diablo sigue haciendo de las suyas entre la humanidad, intentando ser cada vez más deidad asumiendo su existencia pecadora y condenando herejes gracias a la inquisición y al Inquisidor, que como un Dios terrenal, elegido por Dios Padre como su representante de amor para la salvación de las almas y aplicando métodos infernales, pueda matar en la hoguera a esos cuerpos prescindibles que tienen atrapada el alma que Dios Padre les ha dado. El objetivo es salvar a la humanidad del pecado y del infierno que muchas veces se esconde en la luz y en la ciencia, ambos elementos dados al ser humano por el mismo Dios. Pero Dios Padre también le ha dado al Inquisidor un don: la sabiduría especial, gracias a la cual puede saber cuándo cumplir su tarea y salvar las almas. Esta inquisición es la primera inversión ideológica que aparece en el texto: el mal es necesario para el bien, sin malo no hay bueno. La paz se erige sobre el control, la paz de la ilustración se fundamenta en el enemigo constituido por la lógica de los inquisidores. Religión, política y control social, el pueblo creía en los milagros de Cristo hasta que la inquisición los satanizó.
¿Eres tú en efecto? Pregunta el Gran Inquisidor a Cristo. Con esta pregunta el Inquisidor reconoce el poder y superioridad del Cristo, pero con la duda lo niega y a la vez lo convierte en un hereje destinado a morir en la hoguera. La duda lo transformó, lo cosificó, lo negó. ¿Porque has venido a molestarnos? Le molesta su inteligencia, su libertad, su verdad tan difícil de comprender a los ojos de los simples, de las mentes simples, de quienes prefieren la sumisión.
Como Cristo estaba privado de su libertad y a la suerte del razonamiento inquisidor, debía demostrar ahí mismo que quien le tentó en el desierto fue el espíritu eterno y absoluto el que se parece más al Inquisidor que al Dios de amor. Lo incomprensible para el Gran Inquisidor es que no haya caído en la tentación dejándole a ellos la tarea de darle a los fieles lo que necesitan para vivir en un mundito fácil de sumisión. Haber promovido muchos Cristos era lo más difícil para la humanidad, porque el amor, la bondad y la empatía no van de la mano con la vanidad, los temores, la soberbia y la sobrevivencia de los mortales.
“¿Quién es más inteligente tu o el que te interrogó? (…) para el hombre y para la humanidad no ha habido nada más espantoso que la libertad”. El Gran Inquisidor pretende demostrar en el texto que es más inteligente quién puede ser obedecido por medio del temor y por poder convertir el pan en piedras, que aquel que pueda convertir las piedras en pan, ese poder es infalible para él. Esta es la segunda inversión ideológica del texto: ejercer el poder del Dios de amor desde el temor y la capacidad de destrucción, en analogía también con el Estado moderno. “Dales pan si quieres que sean virtuosos” y de esa forma se levantarán en contra del poder y sufrirán por la promesa del milagro no cumplido, que solo aparece en el pasado, en la Biblia, pero nunca en sus mesas. El Gran Inquisidor les da el pan en el nombre de Dios “Sabemos mentir, sin nosotros se morirán de hambre”. La nueva dicotomía es que si hay libertad no hay pan. El precio de la libertad es el hambre, la pobreza, la falta de pan, y la libertad no se reparte igual entre todas las personas y son indignos por ser débiles, viciosos, necios e indómitos.
“Mientras gocen de libertad les faltará el pan; pero acabarán por poner su libertad a nuestros pies, clamando: “¡Cadenas y pan!” Comprenderán que la libertad no es compatible con una justa repartición del pan terrestre entre todos los hombres, dado que nunca — ¡nunca! — sabrán repartírselo. Se convencerán también de que son indignos de la libertad; débiles, viciosos, necios, indómitos. Tú les prometiste el pan del cielo.” (Dostoievsky, 271)
Luego lo dejó en libertad, “¡Vete y no vuelvas nunca, nunca!”
¿Quién tiene el poder, quién lo concede, quién lo ejerce?