¿Cómo ver el mundo? Una nueva introducción a la cultura visual – Nicholas Mirzoeff – Centro Agenda Joven en Derechos y Ciudadanía

Libro: ¿Cómo ver el mundo? Una nueva introducción a la cultura visual.
Autor: Nicholas Mirzoeff
Año original de publicación: 2015
Editorial: Ediciones Paidós.
Reseñado por: Fernando Obando Reyes
Palabras clave: cultura visual, audiovisual, pensamiento visual, activismo visual, medios de comunicación, pantallas.
Citación del libro: Mirzoeff, N. (2016) ¿Cómo ver el mundo? Una nueva introducción a la cultura visual. México: Ediciones Paidós.

¿Cómo ver el mundo? La siguiente podría sonar como una pregunta un tanto pretenciosa para algunas personas; tal vez se le podría calificar de ambigua o, en algún sentido, con capacidad de despertar el deseo por una guía metodológica que resuelva la cuestión. Quizás, otras voces aleguen que esta es una pregunta imposible de responder de manera concreta o “universal”, pero de la cual se pueden extender discusiones que nos permiten entendernos como personas consumidoras-productoras constantes de imágenes visuales.

El Dr. Nicholas Mirzoeff, de origen británico, comienza su formación en Historia e Historia del Arte en la Universidad de Oxford y en Warwick. Años después, inicia una vinculación con estudios de “cultura visual” en donde analiza temáticas como la guerra de Irak en el cine y la televisión, los principios epistemológicos de la cultura visual, medios de comunicación, nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación, entre otros. Actualmente ejerce como profesor de Medios, Cultura y Comunicación en la Universidad de Nueva York.

Cabe destacar, que esta no es la primera vez que el autor intenta poner en orden sus ideas respecto a la “cultura visual”; anteriormente en Introducción a la Cultura Visual (1999), Mirzoeff se encargaba de brindar definiciones del concepto, proponer discusiones a nivel epistemológico, y esbozar un análisis histórico del desarrollo de las tecnologías que han permitido al ser humano crear imágenes (tanto fijas como en movimiento) y sus repercusiones en la vida contemporánea. Casi 15 años después, el autor se reencuentra con sus ideas y aprovecha para mencionar algunas correcciones, especificaciones y nuevas lecturas para entender nuestra relación con un mundo en donde “lo visual” cobra un sentido fundamental para la comunicación humana.

Una de las preguntas claves a responder en el libro es ¿Qué es la cultura visual? Ante esto el autor propone:

La cultura visual incluye las cosas que vemos, el modelo mental de visión que todos tenemos y lo que podemos hacer en consecuencia. Por eso la denominamos cultura visual, porque se trata de una cultura de lo visual. Una cultura visual no es simplemente la suma del todo lo que ha sido hecho para ser visto como los cuadros o películas. Una cultura visual es la relación entre lo visible y los nombres que damos a lo visto. También abarca lo invisible o lo que se oculta a la vista (p.19-20)

La cultura visual, ya sea refiriéndose a ella como disciplina o u objeto de estudio, no se limita a estudiar “fotografías, afiches, videos, obras de arte, espectáculos y afines”; estos serían tan solo algunos de los cientos de eventos visuales con los cuales se lograría establecer una aproximación para iniciar un análisis que nos permita interactuar con lo que vemos.  Sin embargo, lo visual no se limita a los ojos ni a lo visible; pues se sobreentiende que otros sentidos están implicados. Para aclarar lo anterior, Mirzoeff destaca la figura de Mitchell:

W.J.T. Mitchell, considerado a menudo el fundador de los estudios de cultura visual, se vio incitado por el desarrollo de la cultura visual digital a proponer que “no existen medios visuales”. Con esta declaración aparentemente paradójica, Mitchell quería decir que todos los medios involucran a todos los sentidos sin excepción, de suerte que resulta inapropiado describir como exclusivamente visual un cuadro, por cuanto lo ha hecho un artista tocando un lienzo con sus pinceles (p.86)

Aunado a esto, el autor destaca varios principios que ayudan a esclarecer cómo se ve el mundo actual con el que la cultura visual pretende formar un puente de análisis (Introducción y Capítulo 1), dejando claro también que “joven, urbano, conectado y caliente” (p.14) son 4 de sus características fundamentales. Respecto a este último punto el autor argumenta a través de diversos autores y estadísticas la predominancia de población joven a nivel mundial, la sobrepoblación en las ciudades, la proliferación del internet respecto al siglo pasado y los acontecimientos relacionados con el cambio climático.

Un poco más adelante se puede encontrar un capítulo exclusivo para analizar detalladamente la proliferación de pantallas y su inserción en un sinfín de contextos en los cuales se encuentran seres humanos, aspecto que permite entender mejor “el mundo” del que habla Mirzoeff y de paso comprender por qué este es un factor de peso para que la “cultura visual” encuentre un lugar en la vivencia cotidiana.

Podremos descubrir, que si bien es cierto a Mirzoeff le interesa brindar herramientas para “aprender a ver el mundo contemporáneo”, el libro no deja de lado un importante análisis histórico del “pensamiento visual” de la humanidad (capítulo 1 al 5) y se detiene a esclarecer la “popularidad” de la cultura visual como un campo de estudio en los 90s, lo cual permite trazar una relación con el día de hoy. Cabe destacar que una lectura de “Introducción a la cultura visual” es un buen complemento para entender a profundidad algunas temáticas en las que se detiene el autor a lo largo de los capítulos.

Durante el desarrollo del libro se nos muestra que la cultura visual no pretende quedarse en “descubrir significados”, sino que le interesa entender cómo es que las personas interactúan con ellos y les incorporan en su vida cotidiana. Para lograr esto se destaca la necesidad de romper una visión mecánica de la comunicación (emisor-receptor), o una en donde la relación medio-mensaje sea predominante (McLuhan). Quienes forman parte de un proceso comunicativo cumplen diversos papeles complejos y generan respuestas que parecieran ir más allá de “aceptar-negociar-rechazar” mensajes (haciendo una referencia somera a Stuart Hall).

Otro aspecto para destacar es que no solo el mundo se considera como constantemente cambiante; dentro de la obra de Mirzoeff el ser humano participa activamente dentro de los cambios que ocurren y le brinda una posición que no le reduce a un simple espectador. Esto se puede encontrar desde ámbitos de la vida cotidiana (tomarse un selfie, compartir memes, ver una película), hasta hechos que marcan hitos sociales y políticos a nivel mundial (el uso de Facebook y redes sociales durante la “Primavera Árabe”, los documentales hechos por activistas en la revolución egipcia o el movimiento Occupy Wall Street, por mencionar algunos ejemplos). Los capítulos 5, 6 y 7 son fundamentales para entender a mayor profundidad estas temáticas que propone el autor.

Finalmente, el autor se despide con un Epílogo, que funciona casi como un octavo capítulo, en donde, a mi parecer, se exige un posicionamiento político y de praxis respecto a la cultura visual por parte de la academia, artistas o cualquier persona que pretenda establecer una conexión con este campo. Para esto Mirzoeff introduce el concepto de “activismo visual” el cual define como “la interacción de píxeles y acciones para crear cambios” (p.260). El llamado es a formar parte de cambios que permitan reivindicar las luchas de diversos colectivos sociales oprimidos históricamente y les dignifiquen en cuanto sujetos de Derechos Humanos.

Desde los estudios de comunicación y las ciencias sociales en general, la obra de Mirzoeff se vislumbra como una herramienta fundamental, para comprender la creciente importancia y presencia de “lo visual” en nuestra vida cotidiana. El libro tiene cuidado de no caer en determinismos burdos y nos presenta a un ser humano con posibilidad de agencia, el cual se encuentra en frente de múltiples retos, siendo uno muy grande su relación con las Tecnologías de la Información y la Comunicación. Quizás una de las virtudes de la “cultura visual” es que no pretende ser LA disciplina encargada de resolver todas estas cuestiones, sino que se muestra como un campo interdisciplinario que se nutre de los conocimientos de la comunicación, sociología, historia, historia del arte, cinematografía, biología, psicología, filosofía, antropología y muchas más para tener una lectura crítica y amplia del mundo y las imágenes.

La obra de Mirzoeff se perfila como un insumo necesario a considerar por aquellas personas que trabajamos con imágenes e intentamos comprender la forma de apropiación que realizan las personas jóvenes de esta; sin duda también será un documento de especial relevancia para todas las personas interesadas en temáticas respecto a TICs y para quienes buscan demostrar la posibilidad de realizar acciones a partir de “lo visual” con el fin de lograr transformaciones en el mundo de hoy.