Texto: Brutalismo
Autor: Achille Mbembe
Traducción: Núria Petit Fontserè  
Año original de publicación: 
2022
Editorial: Editorial Paidós
Reseñado por: Bryan Vargas Vargas
Palabras claves: filosofía, capitalismo, brutalismo, digitalización
Cita: Mbembe, A. (2022). Brutalismo (N. Petit Fontserè, Trad.). Paidós.

LA HOGUERA

Reseña de Mbembe, A. (2022). Brutalismo (N. Petit Fontserè, Trad.). Paidós.


Fue un enero cuando mi madre me despertó temprano y me dijo: “Tienes que ponerte a ayudar a la familia”.

Fue tan temprano el mensaje mañanero, que aún no he despertado y han pasado años…

Lo acepté. Tampoco tenía la expectativa de que fuera diferente para mí la juventud. Si mi hermana ya a los 16 tenía a mi sobrino y a mi tata ni lo conozco, pues sí, me tocó madrugar.

Dos meses tratando de entender qué sucedía con mi yo niño, que ahora tenía que trabajar, y sorpresa: despedido. Pero de eso también me fui acostumbrando porque, ni modo, no estudié lo que quería y cuna de oro pues nada de eso…

Aquí en Matina es una inmensa hoguera. Literal que lo es, por el clima y porque para donde sea que usted vea solo hay banano. Me sentía en una gran hoguera que era mi pueblito y yo era la leña y el carbón, la materia prima para alguien que no tengo idea qué está haciendo con la plata que le sudo.


Al final no le veía tanta bronca al asunto porque mis otros vecinos estaban también breteando y no me sentí tan mal. Creo que esto debe ser mejor que estar en otros caminos del bajo mundo; allí sí no es jugando, y no quiero aparecer en noticias, allí la vida si está más puesta al camino que mi hermana, que la embarazó un roco cabrón.

Dos meses, dos meses más aquí por la casa y ya después me mandaron larguísimo, y me di cuenta de que a todo lo largo y ancho de este caribe solo somos una multiplicidad de destrucción de los seres vivos y sus hábitats. Yo pensé que era Matina, pero no, esto está hasta donde le alcance la vista y más allá.

Está grande el negocio para alguien, pensé. Me gustó una chavala de la pulpería a donde ya iba sin necesidad y me agüevé, la verdad. ¿Qué le voy a ofrecer a ella si en dos meses me quedo sin brete otra vez?

Ya no solo sentía que me perforaban el cuerpo o que era carbón, sino también la mente. La perforación de los cuerpos y las mentes de esta frustración que me está empezando. Tan joven y no veía cómo salir de allí.

Me gustaban las clases de Estudios Sociales y esas vainas. Era bueno en eso, hablando paja, como dicen aquí. Ya fuera de mi cole y trabajando por obligación, hasta ahora entiendo de lo que me hablaba el quemón sociólogo que me daba clases cuando decía: de los países carcelarios, los estragos coloniales y los restos óseos a lo largo de fronteras sembradas de minas.

Esa idea me hizo sentir un poco mal, como que es algo que no deberíamos pasar a tan temprana edad. Pero siempre he dicho que aquí hay jóvenes sin juventud.

Me sentí parte de la hoguera, pero también me siento como en una cadena de montaje. Yo cosecho el banano, lo llevo, lo lavan, lo meten en cajas, se hacen aquí algunas cosillas en las fábricas y luego van jalando para el otro lado del mundo. Solo que la cadena de montaje no está frente a mí, sino que yo soy ella: parte de esta producción de encadenamientos múltiples y complejos, que casi ineluctablemente conducen a heridas, a la fatalidad y a un grito estrangulado.

Despertar temprano para bretear no fue un día cualquiera. Fue reproducir y sostener a mi familia, pero también renunciar a otras cosas que pensé que iba a hacer. Y aquí estoy, todo sudado y quemado, sin quererlo, en medio de, junto con otros muchachillos somos capas enteras de sociedad que se exponen cada vez más a un desclasamiento vertiginoso. ¿Cómo salgo de esto sí es lo que puedo ver hasta donde me alcanza la vista?

Es cansada esta vaina, pero no me quejo. Aquí mis compas hacen lo mismo: una especie de transformación de humanidad en materia y energía, bien sudada, para que coman bananito en algún lado. Obvio, yo también como bananito, pero no del que se exporta.

Nosotros nos quedamos aquí, siendo leña de la hoguera.

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Nota al pie: Hace unos meses escribía, con algunas inquietudes existenciales y académicas, un breve texto al que llamé Voyerismo sociológico, en el que expresaba algún malestar con nuestra forma de presentar las ideas por parte de quienes nos dedicamos a esto para ganarnos la vida. Unos meses después continúo con la misma inquietud, y creo que lo mejor es que no se vaya.

La presente narración está basada, al menos desde mi interpretación, en la obra de Mbembe, A. (2022), Brutalismo, utilizando también el marco geográfico de mi tesis doctoral en la región Huetar Atlántica.

La lectura de Mbembe me parece de una crudeza necesaria. Entiendo el brutalismo no únicamente como un movimiento arquitectónico, sino como una disposición política que organiza, modela y produce los espacios. Desde esta perspectiva, los territorios rurales y productivos analizados en mi investigación pueden leerse como expresiones concretas de esa lógica espacial y política.

Los lugares, las arquitecturas y las geografías no están compuestos únicamente por materiales como el concreto, el acero o la arena. También están hechos de cuerpos humanos, formas de vida, historias. La vida humana se convierte así en parte de la materia prima con la que se construyen paisajes y arquitecturas. Los cuerpos y las existencias quedan incorporados a los sustratos materiales del territorio, transformándose en componentes de una mezcla que, una vez consolidada, parece olvidar los procesos vitales que la hicieron posible.

Es un texto muy provocador, necesario para las realidades de estas partes del mundo que nadie cuenta. Ante esto surge la necesidad de un cuento lleno de historias y teorías.

Imagen realizada con Inteligencia Artificial