Texto: Retromanía. La adicción del pop a su propio pasado.
Autor: Simon Reynolds
Año original de publicación: 2011
Editorial: Caja Negra
Reseñado por: Fernando Obando Reyes
Palabras claves: música, pop, retromanía, cultura popular, revivals, industria musical
Citación: Reynolds, S. (2012) Retromanía. La adicción del pop a su propio pasado. Caja Negra.


Viajar a los sonidos del pasado tan rápido como la nostalgia lo permita: Reynolds y la Retromanía

“Instrucciones.
El camino nos conduce a fallar.
¿Qué tan viejas son las nuevas decisiones por tomar?”
Canción: técnica (con aifohl) – Artista: Unperro andaluz (2025)

Hace unos años, me encontraba en un concierto con un querido amigo, quien me lleva unos cuantos años en las andanzas de la vida y la producción de eventos. En medio de la música, me comentó algo así: “Qué vacilón, mae. Entre más viejo me hago, me doy cuenta de que, si quiero ropa de la moda actual, lo único que tengo que hacer es no tocar mi guardarropa por unos 10 años. Algo parecido pasa con la música. Uno va sacando colmillo para entender las referencias”.

El tiempo ha pasado, y la vida (y la literatura) me llevan recurrentemente a esa anécdota. Parte de mi trabajo me demanda escuchar decenas de propuestas musicales jóvenes al mes (si el ritmo de publicación musical en este país sigue así, pronto serán cientos). En medio de esta avalancha de música, narrativas y ruidos, encuentro propuestas que denotan una clara intención de imaginar y construir el futuro, pero también descubro otra serie de proyectos que se enfocan en una visión abiertamente nostálgica y con el pasado como principal referente.

Quizás el rock (en su término más genérico) sea uno de los ejemplos más sintomáticos de esta última situación. Constantemente me topo con bandas que remiten a los manierismos del rock clásico anglosajón; su instrumentación rinde tributo a grupos como Led Zeppelin, Black Sabbath, Aerosmith, The Jimi Hendrix Experience, Cream, entre otros ejemplos elementales. Se podría decir que uno encuentra proyectos que van referenciando cada “década del rock”, incluyendo sus etapas más experimentales y aquellas que se han visto robustamente nutridas de revivals y (re)reinterpretaciones. Esto se refleja en bandas que hacen guiños a propuestas rockeras anglosajonas conocidas de principios de siglo, como The Strokes, Franz Ferdinand, LCD Soundsystem, Arctic Monkeys o My Chemical Romance; las cuales basan parte de su identidad sonora en reinterpretaciones sentimentales del rock del pasado. Claramente, este no es un fenómeno exclusivo del rock, sino de una corriente de la música y la cultura pop que parece obsesionada con su propia historia.

Podría profundizar en el asunto, pero creo que es mejor remitirles a una obra que analiza quirúrgicamente este tema: Retromanía. La adicción del pop a su propio pasado de Simon Reynolds. El autor es reconocido por su amplio trabajo en el periodismo musical, pero también cuenta con una extensa bibliografía que abarca desde escritos cortos hasta grandes disertaciones con alto rigor académico, todas ellas orientadas a mapear la historia y las transformaciones de los géneros musicales que han marcado las últimas ocho décadas.

Reynolds propone que habitamos una era del pop que se ha “vuelto loca por lo retro y fanática de la conmemoración” y nos pregunta: “¿Puede ser que el peligro más grande para el futuro de nuestra cultura musical sea… su pasado?” El autor reconoce que sus palabras pueden sonar un tanto apocalípticas, pero nos confiesa que siempre ha sido un apasionado del “futuro” y de las agrupaciones musicales que subvierten las convenciones del momento en busca de experimentaciones que nos revelen el panorama del mañana. A pesar de sus provocaciones iniciales, Reynolds nos confiesa que no viene a condenar lo “retro”, el coleccionismo o la búsqueda de la conmemoración (pues él también es cómplice); sin embargo, siente una enorme necesidad de entender académicamente por qué esta obsesión con el pasado parece ser una narrativa recurrente en la música pop y, más específicamente, en varios de sus géneros.

No me extenderé en la estructura detallada de los capítulos del libro ni intentaré hacer un resumen esquemático de la obra, pues esta es bastante extensa (más de 400 páginas) y creo que cada quien debe descubrirla con sus propios ires y venires, los cuales son fáciles de navegar gracias a la amigable escritura de Reynolds. Más bien, y con el peligro de no hacer una reseña que le haga justicia a la obra, me gustaría rescatar brevemente algunas preguntas y puntos de discusión asociados a los “tres grandes momentos” que estructuran el libro:

  • El Ahora: ¿Por qué se celebran tanto las reuniones de las bandas de rock? ¿Por qué existen documentales que retratan la vida de artistas musicales con una rigurosidad casi historiográfica? ¿Qué implica tener miles de sitios de internet que registran y categorizan décadas de música? ¿Qué significa vivir en una sociedad con comunidades obsesionadas con el coleccionismo? ¿Por qué la “curación musical” se vuelve un trabajo relevante? ¿Son los fenómenos que acabo de citar algo exclusivo de la cultura occidental o se replican en otras latitudes? Durante esta parte del libro, Reynolds nos invita a preguntarnos por nuestras propias obsesiones “retro” en el presente. Si bien ha pasado un poco más de una década desde su escritura, vemos que muchos de estos fenómenos (coleccionismo, curaduríarevivals, reuniones, tributos, registro musical) persisten y se intensifican con el tiempo. A través de múltiples ejemplos y entrevistas con artistas, Reynolds recorre con ingenio las contradicciones e ilusiones que acompañan las exploraciones y rememoraciones del pasado.
  • El Antes: ¿Cuándo empezó esta obsesión con el pasado? ¿Es la monetización de la nostalgia tan nueva como se nos presenta? ¿Qué papel han tenido las agrupaciones musicales y su público en el juego de los “revivals“? A través de estos cuestionamientos, Reynolds demuestra que “revivir el pasado” y “obsesionarse” con él es una conducta que viene moldeándose desde hace varias décadas. En los 80 existieron movimientos obsesionados con ciertos géneros de los 70, y en los 70 con música de los 60, y así sucesivamente hasta llegar a los inicios de la música como incipiente industria cultural contemporánea en los 40. Se crean toda una serie de rituales y espacios, sostenidos por bandas y fans, que intentan transportarse al pasado, donde la ropa y la parafernalia de la época juegan un papel importante. Este capítulo será de especial disfrute para quienes adoran las referencias musicales extrañas y descubrir el origen de fenómenos que podrían parecer novedosos a primera vista.
  • El Futuro: ¿Existen formas “futuristas” o innovadoras de revisitar el pasado? ¿Qué ha ocurrido durante el siglo XXI que hace que el “futurismo” se sienta distópico y lejano, en contraposición al flamante y excéntrico futuro imaginado por la ciencia ficción de los 80? ¿Existe la posibilidad de que el pop se obsesione con el futuro? Como lo mencioné anteriormente, Reynolds confiesa pertenecer a “una minoría obsesionada con el futuro” y acepta que, a pesar del panorama desolador y avasallante de la derivatividad y la repetitividad del pop, aún cree que “el futuro está allá afuera”. El autor destaca sensibilidades y apuestas de producción llevadas a cabo por personas jóvenes, las cuales parecen responder a nuevos valores influenciados por nuestra incipiente convivencia digital, el infinito catálogo por descubrir del mundo electrónico y la exploración del mundo de lo post.

Reynolds nos advierte que la sociedad global se encuentra marcada por evidentes procesos de aceleración que permiten que las obsesiones con el pasado cercano sean cada vez más frecuentes. Como ejemplo, cita el sampleo realizado por Kanye West en 2007 de Harder, Better, Faster, Stronger de Daft Punk (un éxito de 2001), el cual, a su vez, se relaciona con un sampleo de la canción Cola Bottle Baby (1979). Y es que, a pesar de que la retromanía no es un círculo perfecto e inescapable, parece ser una tendencia sólida que acapara el mercado musical, dejando poco lugar para los sueños y el futuro. Sino que lo diga la canción Anxiety de Doechii, un hit de 2024, basado en un lanzamiento de 2019 de la misma artista, el cual referencia al hit Somebody that I used to know de Gotye con Kimbra (2011); canción que samplea los instrumentales de Sevilla (1967) de Luiz Bonfa y secciones del disco A child’s introduction to the instruments of the orchestra (1961) de Joseph Cooper and Sinfonia of London.

¿Por qué nos está costando tanto pensar el futuro? Quizás esta sea una de las preguntas clave que se derivan de la obra de Reynolds y que puede ayudarnos a ejercitar una sensibilidad sonora que vaya más allá de la obsesión fetichista por la nostalgia y el pasado. Yo, al igual que Reynolds, he sido cómplice de lo retro, pero también sigo creyendo que el futuro está allá afuera y que hay toda una serie de propuestas musicales locales, profundamente ambiciosas y experimentales, que se juegan grandes apuestas simplemente por no renunciar a la hermosa idea de que un futuro emocionante y brillante sí es posible.

“Give me an eeny, meeny, miny, moe
Or an ip, dip, dog shit, rock and roll”
Canción: Library Pictures – Artista: Arctic Monkeys (2011)