Texto: “Cuerpos de la injusticia: Una crítica feminista desde el centro de América”
Autora: Montserrat Sagot
Año original de publicación: 2024
Editorial: CLACSO
Reseñado por: Anthony García-Marín
Palabras claves: feminismo, necropolítica, estudios culturales, género, teoría feminista
Citación: Sagot, M. (2024). Cuerpos de la injusticia: Una crítica feminista desde el centro de América. CLACSO.

Introducción

Cuerpos de la injusticia. Una crítica feminista desde el centro de América es una antología que reúne una parte significativa de la obra teórica, investigativa y militante de Montserrat Sagot, publicada en un momento simbólico de su trayectoria profesional: su transición hacia la jubilación como profesora catedrática en la Universidad de Costa Rica (UCR). Este contexto otorga al texto un carácter de homenaje a su destacada carrera. Según la antología, Sagot “es una de las figuras más importantes de la academia latinoamericana” (Mora, 2024, p. 11).

Montserrat Sagot obtuvo su licenciatura en Antropología y posteriormente una maestría en Sociología en la UCR. Más adelante, completó un doctorado en Sociología (Ph.D.) con especialización en Sociología del Género y Sociología Política en The American University, Washington D.C. Al regresar a Costa Rica en los años noventa, se integró al movimiento feminista, combinando su praxis académica con investigación y activismo.

En el ámbito institucional, Sagot ha ocupado posiciones clave: fue integrante y directora del Consejo Universitario de la UCR; vicedecana (2001-2004) y decana del Sistema de Estudios de Posgrado de la UCR; directora de la Maestría en Estudios de las Mujeres, Géneros y Sexualidades; y directora del Centro de Investigación en Estudios de la Mujer (CIEM) de la UCR, cargo que desempeñó hasta el 11 de septiembre de 2024.

A nivel internacional, Sagot ha formado parte del Comité Directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) para Centroamérica, del Comité Ejecutivo de la Latin American Studies Association (LASA), entre otras redes académicas vinculadas a la sociología del género. Su obra establece un diálogo constante entre lo local (Centroamérica) y lo global (feminismos y estudios sociales críticos).

Cabe destacar que la antología incluye textos en colaboración con otras autoras, como Ana Carcedo, Eleonora Meneghel y Luiza Bairros, lo que refleja la dimensión colectiva de su producción feminista y su compromiso con el conocimiento situado.

Tras su reciente jubilación como profesora catedrática, esta reseña de su antología se presenta como un reconocimiento a su invaluable aporte institucional, investigativo y formativo.

Primera parte: Necropolítica y femicidios

Esta sección de la obra se enfoca en el profundo interés y la habilidad de Montserrat Sagot para expandir, adaptar y crear herramientas teóricas que permitan analizar y transformar las realidades vividas por las mujeres en Centroamérica y el Caribe. Uno de sus aportes más significativos en esta área es su elaboración teórica y su investigación empírica en torno a los femicidios. Sagot fue pionera al traducir por primera vez al español el concepto de femicidio en 1995, contextualizándolo a la realidad de la región y contribuyendo a su tipificación penal. De hecho, Centroamérica fue la primera región en el mundo en aprobar leyes que tipifican el femicidio como delito penal, comenzando con Costa Rica en 2007, seguida por Guatemala en 2008 y El Salvador en 2010.

La autora retoma la teoría de la necropolítica de Achille Mbembe, entendiendo que esta evidencia la existencia de grupos sociales y poblaciones que se encuentran por debajo de la línea de lo humano y, por ende, son empujadas a la muerte. Para Sagot, la necropolítica de género instrumentaliza los cuerpos de las mujeres, construye un régimen de terror y decreta la pena de muerte para algunas, destacando que no afecta a todas las mujeres por igual, sino que existen grupos desproporcionadamente expuestos a la violencia y la muerte. Este concepto se vincula con la noción de “descartabilidad biopolítica de mujeres”, que sitúa los femicidios dentro de sistemas de estratificación y desigualdad social.

El análisis de la violencia contra las mujeres se sitúa en un contexto de cambio de época, donde los femicidios son parte de un proceso de deshumanización mediado por la lógica mercantilista y el paradigma de la modernidad/colonialidad, entrelazando el colonialismo, el capitalismo global y el patriarcado. Sagot también cuestiona los paradigmas de justicia y derechos dentro de las democracias liberales, señalando el estrecho vínculo entre el discurso de los derechos y el concepto moderno de ciudadanía, que a menudo absorbe derechos civiles o de reconocimiento, pero pone límites a los derechos económicos, de redistribución o de justicia.

Se propone imaginar y construir marcos más amplios de emancipación social, con un nuevo concepto de justicia que desmantele las jerarquías de desigualdad, buscando transformar los factores estructurales que producen la violencia y el despojo. Esto implica la necesidad de una “nueva biopolítica que respete y acoja la vida en todas sus formas” en contraposición a la necropolítica. La pandemia de COVID-19, según Sagot, visibilizó aún más la necropolítica y el biopoder contemporáneo, exponiendo cómo ciertas vidas son consideradas “desechables” y cómo las medidas de confinamiento ignoraron las desigualdades existentes. La obra aborda la persistencia de la violencia en Centroamérica como resultado de una democratización incompleta y la implementación de políticas neoliberales, que han profundizado las asimetrías y han permitido que poderes de facto, como el crimen organizado, operen en un “segundo Estado”.

Segunda parte: Mujeres, feminismos y participación política

Esta sección, titulada “Mujeres, feminismos y participación política”, explora la relación entre la militancia y la academia feminista, y su impacto en la construcción del conocimiento y la incidencia política en Centroamérica. Sagot critica los análisis de los movimientos sociales que utilizaban la categoría de clase como única y central para explicar la opresión y la desigualdad social. Su trabajo destaca cómo el sujeto popular revolucionario fue conceptualizado de forma abstracta, sin género ni etnia, y con un referente masculino, ignorando que “el cuerpo no es un dato pasivo cuando del ejercicio del poder se trata”.

La autora analiza cómo los movimientos feministas en Centroamérica emergieron con fuerza, no solo construyendo nuevas formas de hacer política, sino también convirtiéndose en sujetos epistémicos que redefinen los significados del mundo social. Un aporte central en esta parte es la “Construcción del conocimiento feminista en Centroamérica: diálogos, rupturas y continuidades entre la militancia y la academia”. Sagot invita a indagar preguntas epistemológicas clave como la presencia de las mujeres en las teorías científicas y la relación entre saber y poder. Se destaca la importancia de reconstruir la memoria histórica del movimiento feminista regional y la crítica a los análisis totalizadores de las experiencias de las mujeres.

La obra de Sagot aborda la lucha de las mujeres por la igualdad política, incluyendo la representación y la paridad. Si bien la lucha por una mayor representación política ha logrado un “cambio en la cara de la política”, esto no se ha traducido completamente en un avance de la agenda feminista para la transformación social. La igualdad formal es una condición necesaria pero no suficiente para alcanzar la paridad y la equidad. La autora concluye que las cuotas de participación política y el neoliberalismo no son mutuamente excluyentes, lo que obliga a repensar la noción de democracia. Se subraya la importancia de las alianzas con otros movimientos sociales y la adopción de una ética de justicia que reconozca la redistribución hacia los grupos históricamente excluidos.

Sagot, en diálogo con Nancy Fraser, analiza la situación de las mujeres y otros grupos oprimidos en términos de reconocimiento, redistribución y paridad participativa, contextualizando una noción más amplia de justicia para la región. Sin embargo, los resultados pueden ser desesperanzadores, ya que “las armas de la democracia no parecen ser suficientes para atacar la fortaleza de la desigualdad”. La obra también profundiza en el papel del neointegrismo religioso y el “fascismo social” como fenómenos que refuerzan ideológicamente el neoliberalismo en Centroamérica, debilitando el carácter secular del Estado e impidiendo el avance de la agenda feminista, particularmente en derechos sexuales y reproductivos.

Sagot ha analizado la explotación del trabajo no remunerado de las mujeres, visibilizando la apropiación de sus cuerpos, tiempo y trabajo, y posicionando a las mujeres como un “territorio colonizado”. Esto conecta con la explotación de género y colonial que se reproduce constantemente. Se destaca la importancia de las investigaciones cualitativas, como la de su tesis doctoral sobre mujeres en la lucha por vivienda en Costa Rica, que mostraron cómo los cambios económicos y sociales afectan primero y sobre todo a las mujeres, niñas y niños. A través de las voces de las propias mujeres, Sagot demuestra cómo el involucramiento en la lucha por una vivienda digna les permitió obtener mayor control y autonomía, aunque la subordinación en la familia se mantuvo inalterada, lo que sugiere la necesidad de cambios sociales y culturales más estructurales. También se evidencia una crítica a la dependencia de teorizaciones europeas y norteamericanas, abogando por un rompimiento con la colonialidad del saber y del género, y por dar voz a los conocimientos alternativos producidos por mujeres pobres, campesinas, indígenas y afrodescendientes.

Tercera parte: Violencia contra las mujeres: lo privado y lo público

Esta parte subraya que la violencia contra las mujeres ha sido un tema transversal en los distintos trabajos de Montserrat Sagot. Se demuestra su preocupación por reconstruir la historia de las luchas contra esta violencia y su vínculo con la construcción de una epistemología feminista centroamericana propia. Una de las emblemáticas exigencias del movimiento feminista centroamericano es que “la paz comienza en casa”, mostrando el estrecho vínculo entre la violencia pública, como la guerra, y las violencias ocultas en el ámbito privado. Sagot concibe la violencia como un componente estructural del sistema de opresión de género, utilizado para ejercer autoridad y control.

La obra incluye una reflexión crítica sobre los límites de las reformas y políticas públicas en torno a la violencia contra las mujeres, revelando la capacidad de reinvención del neoliberalismo y el patriarcado. Aunque el movimiento feminista ha logrado posicionar la violencia como un problema de poder, el sistema tiende a vaciar de contenido este análisis, resultando en políticas de género neutrales que no abordan la raíz del problema. Se destaca el trabajo pionero de investigación de Sagot con Ana Carcedo sobre las cifras ocultas del femicidio en Costa Rica entre 1990 y 1999, siendo uno de los primeros estudios a nivel mundial en dilucidar la dimensión e incidencia de esta forma de violencia extrema.

El estudio “La ruta crítica de las mujeres afectadas por la violencia familiar en América Latina: casos de estudio de diez países”, coautorizado por Sagot, Meneghel y Bairros, analiza las acciones de las mujeres que sufren violencia, las respuestas institucionales y los obstáculos que enfrentan. Este estudio utiliza el concepto de “ruta crítica” para reconstruir el complejo y no lineal proceso que siguen las mujeres al romper el silencio y buscar soluciones, revelando las respuestas inadecuadas de los sistemas de salud, judiciales, policiales y educativos. El artículo “Prácticas discursivas, género y sufrimiento emocional”, también coautorado por Sagot, Meneghel y Bairros, analiza los efectos de la violencia contra las mujeres en su salud mental, mostrando la medicalización y la individualización de problemas de origen social.

La investigación “La invisibilidad de las niñas y las adolescentes: trabajo doméstico y discriminación de género” busca visibilizar las violencias encubiertas que sufren estos grupos, vinculándolas a la división sexual del trabajo y la explotación económica. Este trabajo, a menudo invisible y ejercido en el ámbito privado, es catalogado como una “ocupación riesgosa y peligrosa”. Sagot propone soluciones que involucran al Estado y a la sociedad, enfocadas en políticas redistributivas y de igualdad de género. El análisis de “#NiUnaMenos y la lucha contra la violencia: más allá del #MeToo en América Latina” sitúa la obra de Sagot en una perspectiva feminista, materialista y decolonial. Se critica al movimiento #MeToo por homogeneizar las experiencias de las mujeres, mientras que #NiUnaMenos/#NiUnaMás es valorado por posicionar la violencia contra las mujeres como un problema estructural, arraigado en la imbricación con otras formas de violencia y desigualdad.

Consideraciones finales

La antología Cuerpos de la injusticia. Una crítica feminista desde el centro de América presenta un análisis profundo y exhaustivo de la obra de Montserrat Sagot, destacando la interrelación entre las opresiones colonial, patriarcal y neoliberal que caracterizan a Centroamérica. Su aporte más significativo reside en el estudio de la violencia contra las mujeres, en particular los femicidios, y en la elaboración del concepto de necropolítica de género, posicionándola como una figura central en la epistemología feminista de la región.

La obra de Sagot no se limita a diagnosticar las desigualdades estructurales y las violencias sistémicas, sino que también explora los vínculos entre la militancia y la academia feministas en Centroamérica. En este marco, subraya la relevancia de la memoria histórica del movimiento feminista, sus avances, retrocesos y las tensiones que mantiene con el Estado. Sagot enfatiza la urgencia de visibilizar las voces de las “multitudes diversas” de mujeres, especialmente aquellas que han sido relegadas a posiciones de subalternidad, con el fin de fortalecer la producción de una teoría feminista descolonizada y profundamente arraigada en el contexto latinoamericano.

En definitiva, Cuerpos de la injusticia constituye una crítica incisiva a las promesas incumplidas de la democracia liberal y un llamado urgente a la construcción de una utopía feminista. Desde una perspectiva interseccional, Sagot invita a cuestionar radicalmente las concepciones tradicionales sobre el mundo social y la relación entre saber y poder, proponiendo imaginar y luchar por un mundo donde la justicia, la igualdad y la libertad sean tangibles para todas las personas. Su trabajo es una potente síntesis de activismo, política y academia que desafía la invisibilidad y la impunidad, mientras persiste en delinear la posibilidad de otros horizontes más justos y equitativos.