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Por: Juan Antonio Gutiérrez Slon

El título de este ensayo libre es una relación conceptual histórica devenida de las inferencias sobre la presencia de las personas jóvenes en sociedad. Hay entonces, una relación directa al pensar las generaciones con las personas jóvenes. Relación así replicada en estudios desde la juvenología y los estudios sobre juventud, pero también, desde medios de comunicación de prensa, y utilizado incluso desde versiones conjugadas dentro de los grupos familiares, entre otros espacios sociales como los clubes deportivos o en los centros educativos que también acentúan sobre la generación. De esta manera, la generación es una connotación que se generaliza en las concepciones y nociones de la realidad social cuando hay presencia de alguna conceptualización de joven. Así, lo joven sería el eje común que engloba las percepciones sobre la generación y lo que ésta significa, siendo además, parte de sus indefiniciones.

Desde el pensamiento moderno contemporáneo del siglo XX, la generación ha estado presente en escritos propios de la filosofía (Ortega y Gasset) como de la sociología (Mannheim).  También dentro de la antropología, y en menor grado, dentro de la historiografía. Esto último –lo de la historiografía– quizás resulte llamativo, pero ello se debe a que es la única de las disciplinas del pensamiento que en concreto estudia el tiempo, siendo esa, la otra noción directa e inmediata que hay sobre una generación. Con esto, joven y tiempo configuran parte de los significantes que se encierran dentro del significado de generación. Lo cual nos coloca en una doble relación dialéctica negativa en el tanto, al haber una noción a lo joven hay algo sobre lo que no-lo-es-joven; igual sucede con la presencia del tiempo, situación menos clarificada, pues el contraste del tiempo sería también algo que no-lo es, un no-tiempo. Aquí, entonces, tenemos un problema ¿Qué es un no-tiempo? ¿Hay un no-tiempo?

Esta discusión por “nueva” que se presente, es tan longeva como la propia expresión humana desde los grafos en las cavernas, petroglifos que por demás, evidencian de lo sucedido en un tiempo pasado muy remoto del conjunto total llamado humanidad. De esta manera, los dibujos rupestres no son el no-tiempo, sino por el contrario, son evidencias de otro tiempo pero no así, de su negación. En este aspecto, la generación, no podría solo ser delimitada por esta categoría sine quo non (sin el cual no) el mismo tiempo se da. La generación integra el tiempo pero no se define desde ahí, sino de lo que “hay” en ese tiempo. Hecho entonces, posible de contraponer: Si en el tiempo hay (algo, alguien), en el no-tiempo ¿Que no-hay?

No podemos afirmar que no-hay en el no-tiempo si antes no despejamos el segundo. Mismo que entonces sería aquello que se escapa del tiempo y que ya no le pertenece a éste o bien, que no puede ser situado en el mismo. Aquí entonces, la generación ya no solo depende de la noción –y realidad– de la presencia de jóvenes (o algo joven) ni de su tiempo en el cual, se deduce, hay una presencia de jóvenes que marcan su tiempo. Sino que ahora hay que verificar que hay en esa relación entre jóvenes y tiempo, esto pues la generación joven tiene que ser diferente de la generación no-joven, ya que por el contrario, lo primero (la generación joven) no se daría. Tenemos aquí otro problema no resuelto que se une al anterior (¿No-tiempo?), y es la forma de evidenciar de lo que la personas joven es. Y al “ser”, también “está”. Llevándonos entonces a que la generación joven es y está en el (¿su?) tiempo, al momento, que según las mismas concepciones sobre generación, también “estaría en su no-tiempo”. De esta manera, las personas jóvenes al existir-nacer, marcan un tiempo, su tiempo, dejando detrás el tiempo que ya no-es-joven, su no-tiempo en proporción a sí misma; siendo éste el problema central de la generación. Si hay una generación joven, hay otra que ya-no lo es. Y por ende, la nueva generación joven es la razón por la que hay cambio en el tiempo, es por su existencia (nueva generación joven) que se marca el tiempo; o por lo menos así se comunica en diversos medios de prensa y en estudios sobre jóvenes, juventud y juventudes, que han venido anunciando (¿definiendo?) sobre los cambios generacionales.

Llegado a este punto, aparte de haber dejado sin respuesta lo que el no-tiempo es, hay un nuevo elemento inmanente a la noción/conceptualización/enunciación/definición de la generación, y es, su cambio. Este cambio, aun indefinido, es reproducido constantemente en las narraciones que sobre la generación hay. Es común incluso que una generación cambie debido al cambio dado por una misma generación. Así de tautológico es el problema. La generación –o por lo menos sus nociones generales más difundidas formal o informalmente– se explica desde el cambio que éste genera. Lo cual hay una doble condición de causa y efecto en sí mismo. Situación de por sí cuasi-imposible en una realidad material; las cosas (y los conceptos inclusive) no pueden tener una doble definición explicativa en sí misma, dicho de otra manera: Nada existe por sí mismo o bien, nada se define a sí mismo solo por ser, por existir, la existencia de algo no es su definición. En este aspecto. Es imposible que una generación pueda ser en sí misma la causante de su existencia y por lo tanto de su cambio.

Como se aprecia, el problema de la generación y lo que se percibe/connota/explica de ella, no puede ser explicada por su misma presencia sino por aquello que no-lo-es. Lo que nos lleva de nuevo a preguntar, sobre el estado negativo de la generación: Su no-generación. Siendo éste, quizás, el elemento que podría ser clave para comprender el problema de la generación ya que, como hemos visto, su cambio no es su explicación, al momento que siempre va depender de alguna concepción de joven que le compone, lo mismo que con el tiempo del cual tampoco puede desprenderse.

Por lo anterior, para comprender una generación hay que tener claro o por lo menos, tener alguna noción de la no–generación, hecho que de nuevo nos remite al tiempo pues entre una generación y otra, tuvo que haber transcurrido un tiempo para su sustitución, esto sería así, por lo menos, en cuanto a la generación joven se refiere; puesto que las y los jóvenes o lo joven estarían siempre trazados por el tiempo, su tiempo, el tiempo de su generación, es decir, la manera cómo lo joven y las/los jóvenes marcan su tiempo y por ende, es desde ellos y ellas que se marca la generación misma.

Esto último nos coloca en otro problema, pues la generación misma no puede ser/estar/existir solo porque hay/tiene jóvenes, en este caso, ninguno de ambos elementos existiría en sí mismos, sino que serían lo mismo, hecho que fácticamente no-lo-es, no son lo mismo. Son dos fenómenos existentes desde sus propias connotaciones de realidad y aunque se dependan mutuamente no es lo mismo hablar de generación y jóvenes. Situación por demás problemática pues una buena parte de la comunicación mediática, de prensa y desde lo académico, hay nociones de este símil inexistente e incorrecto. Cada elemento, generación y jóvenes, es una versión de sí misma que no pueden anularse simbióticamente. Hecho así comunicado en varias ocasiones.

Dejando de lado esa errada símil, es necesario volver sobre el hecho que de la generación joven existe en un proceso de cambio que sustituye a la otrora generación joven que ya-no-lo-es pues hay una nueva generación joven. Lo que nos trae de nuevo al problema de ¿Qué de lo nuevo que genera el cambio? Esta interrogante en ocasiones –desde lo mediático y lo académico– suele responderse afirmando que el cambio son las nuevas personas jóvenes que integran la nueva generación. Explicación por demás tautológica pues de nuevo se resume que la generación son las nuevas personas jóvenes que al existir generan el cambio (de generaciones). Esta razón es una expresión ahistórica pues coloca a las nuevas personas jóvenes en un vacío social desde el cual su sola existencia cambia algo que no-es-lo-joven como lo es la generación. Es entonces necesario volver sobre el elemento del tiempo y por ende, del no-tiempo pues sería desde ahí donde es posible consignar alguna noción de cambio y nueva generación.

Entonces, si la nueva-generación (joven) es algo que sustituye a la otrora “vieja” generación joven¸ esto pues, no hay campo para dos generaciones jóvenes en simultaneo debido a que lo joven es una generalidad que engloba personas que nacen en una misma zona de edades (así dicho por Ortega y Gasset) y por consiguiente, toda persona en esa zona de edades constituyen la generación, dejando por fuera a toda otra persona nacida en otra zonas de edades, o bien, nacida en otro tiempo. Hecho desde el cual, volvemos a la urgencia de tener que solucionar el sentido del no-tiempo. Discusión que –sin ahondar– no es materia exclusiva de la filosofía, sociología, comunicología y cercanas, sino también, de la física. En este aspecto, el cambio que desde las teorías de la relatividad expuestas por Albert Einstein a inicios del siglo XX, coincide en tiempo y contenido, con el trabajo de José Antonio Ortega y Gasset en el Tema de nuestro tiempo, es que hay nociones sobre el cambio realizado por estos históricos pensadores mediante la misma constitución (explicación) del no-tiempo. Llegando entonces, al punto que quizás, nos podría llevar a comprender en definitiva a la generación.

Y es que el no-tiempo sería aquello que escapa a un espacio concreto pues en la definición específica del tiempo éste solo existe ubicado en un espacio, con lo cual el binomio espacio/tiempo se muestra como parte concisa de un elemento común, la propia existencia de ambos. Situación desde la cual, en el no-tiempo se estaría haciendo referencia a un no-espacio, y por ende, la nueva generación joven desplaza en el tiempo y en el espacio, a la otrora nueva generación joven que ya no lo es. Siendo este cambio, no su explicación, sino su proceso. Entonces, la nueva generación joven existente en tiempo/espacio del presente vivido, desplaza al tiempo-no-presente y ya-no-vivido a la generación joven que antes era la nueva. Y que ahora no lo es, por lo cual esa (pretérita) generación joven pasó de ser tal cual al ser solo generación.

Con lo anterior, surge el supuesto de que la generación joven es la nueva generación, pues es la connotación de joven (o bien, de lo juvenil) lo que afirma dos elementos: Habla del tiempo-presente-actual y reconfigura las nociones que sobre lo joven o juvenil se dan. Es decir, no solo por el hecho de que nuevas personas jóvenes nazcan/crezcan hay una cambio en la generación joven, ni tampoco, esas nuevas personas son en sí mismas, el cambio generacional. Solo son nuevas personas jóvenes que podrían tener varias, muchas, pocas o ninguna similitud con la generación joven existente en el momento de su existencia/crecimiento. En este aspecto: Si las nuevas personas jóvenes no son en sí mismas la nueva generación, ¿Qué sí lo es?

Y lo qué es de esta pregunta, podría y debería ser definido por algo más allá de la sola noción de que son las nuevas personas jóvenes, y solo por ello, la nueva generación; este simplismo –se insiste– es insuficiente no solo por su tautología implícita sino también porque vuelve a generar una incorrecta simbiosis entre jóvenes y generación. Llevando a la necesario interrogante de tener que comprender sobre ¿Qué es lo que esas nuevas personas jóvenes hacen para que sean consideradas o consignatarias de ser una nueva generación? Pregunta en la cual encontramos la respuesta de la misma: el hacer. Ya no solo es necesario que exista tiempo/espacio desde el cual encontrar a las nuevas personas jóvenes sino también, comprender lo que éstas hacen para –por fin– ser consideradas diferentes y por ende nuevas.

Con lo anterior se puede explicar que lo que diferencia una nueva generación de la otra-nueva generación-que-ya-no-lo-es, debe integrar su conceptualización sobre la nueva generación desde el lugar de los que hacen siendo jóvenes. Esto es entonces, un grado de autonomía relativa que cada nueva generación de jóvenes puede tener en su hacer, cada nueva zona de edades podría hacer un cambio generacional. Situación que nos aleja de la símil entre joven y generación y nos aleja su tautología sobre la “novedad” intrínseca e inexorable sobre el componente de cambio que tienen las nuevas personas jóvenes. No es su nacimiento/crecimiento en una determinado tiempo/espacio histórico y socialmente situado en una zona de edades lo que genera un cambio generacional, sino las configuraciones que desde su accionar generan variantes desde las manifestaciones dadas por estas nuevas personas jóvenes. Hecho desde el cual entonces, podemos acercarnos a las nociones de cambio generacional, porque será solo en el contexto estricto de un tiempo/espacio situado que es posible comprender los cambios generacionales desde el actuar mismo y en autonomía relativa de jóvenes.

Con base en lo anterior, la generación y sus cambios (así como sus no–cambios) estarían situados por la forma desde la cual las personas jóvenes hacen de su connotación como nueva generación, es decir, desde la versión joven de sí mismos/as como generación, lo cual nos adhiere al último criterio se debe integrar para comprender los cambios generacionales, y es el hecho de que las personas jóvenes deben verse a sí mismas como colectivo generacional que está haciendo cambios. Es su intención transformadora y no su reproducción social lo que genera los cambios. Es una conciencia colectiva joven puesta en acción lo que genera el cambio generacional, razón desde la cual, la nueva generación es la gente joven en acción.