“Detrás de todo esto hay gente”: Pensando a los sellos independientes como gestores de la música joven – Centro Agenda Joven en Derechos y Ciudadanía

Por: Fernando Obando Reyes

“¿Cómo es posible?
Eso aquí nunca se ha dado
Yo pago la electricidad
Y ustedes venden mis helados”

Maldito DeLorean – Canción: Lo que a mí me gusta. Álbum: Contemplando la extinción. Sello discográfico: Maldito Estudio

Antes de que suene la música

Mientras espero a mi reunión con Arío Rojas, termino de hacer un poco de investigación respecto a Z Tapes Latinoamérica, organización a la que representa. Me paseo de arriba para abajo en la página de Bandcamp de este sello musical independiente y mi atención la captura La Gran Mezcla Latinoamericana Vol.1. Una lista con más de 30 artistas diferentes se agrupa en un solo lanzamiento que pasa por diversos géneros musicales, los cuales contrastan ampliamente entre sí a lo largo de un compilado de 34 temas. El escuchar la riqueza y variedad de propuestas musicales me saca una gran sonrisa; además el ver a una iniciativa como Z Tapes Latinoamérica operando desde Costa Rica me resuena como un buen augurio para la escena local en general, y más específicamente para los sellos independientes musicales en el país.

Desde hace unas semanas atrás varias preguntas me encaminaban lentamente al mundo de estas entidades conocidas como “sellos discográficos independientes”:  Hoy en día, ¿qué hacen exactamente este tipo de organizaciones en Costa Rica? ¿Qué labores específicas desarrollan? ¿Qué tipo de “géneros musicales” gestionan? ¿Estos sellos son “independientes” respecto a qué? Admito de antemano que este texto no pretende responder todas estas preguntas a profundidad, pues dicha acción requeriría una investigación propiamente elaborada y debemos tener en cuenta que es un tema poco estudiado a nivel regional y local por diversas razones. ¿Cuáles? La investigadora argentina Ornela Boix (2020) hace referencia a la falta de registros musicales completos, el enfoque en pocos “géneros musicales” (teniendo un especial protagonismo el rock) y la carencia de estudios que aborden casos de “autogestión” musical desde la academia. Sin duda, podríamos cuestionarnos cuáles otras razones se pueden agregar desde la experiencia costarricense.

¡Pero no hay que fruncir el ceño! pues finalmente logramos visibilizar un cuerpo de trabajo que se ha ido formando lento pero seguro a través del tiempo y será de gran utilidad para presentes y futuras reflexiones. Por el momento propongo hacer un intento de acércanos a “respuestas preliminares” y a examinar algunos ejemplos que nos pueden dar pista de hacía donde deberíamos voltear los ojos, oídos e inquietudes.

¿Pero qué es exactamente un sello discográfico? ¿Y qué rayos es eso de “independientes”?

Ok. Antes de seguir con la discusión, propongo que dejemos claros unos cuantos conceptos clave que permitirán a aquellas personas que no están familiarizadas con la producción musical, a tener una mayor comprensión del panorama sobre el que deseamos hablar. Entre más se puedan unir a la conversación… ¡mucho mejor!

Diego Zapico (2017) en la Guía REC (un documento elaborado por el Ministerio de Cultura de Argentina) nos relata los comienzos de la industria de los fonogramas durante la segunda mitad del siglo 19, es decir aquella que estaba encargada de la fijación del sonido en un soporte físico. Su nacimiento trae consigo la aparición de las figuras conocidas como sellos discográficos (también “sellos” o labels), los cuales surgen como las “entidades determinantes, activas y responsables” de dicha industria. “A partir de entonces estarán a cargo de prácticamente todas las actividades y las funciones relacionadas con la vida del fonograma, es decir, la fijación del sonido en un soporte”. (Zapico p.74, 2017)

¿Pero qué es eso de “funciones relacionadas a la vida de un fonograma”? Suena un poco abstracto ¿no? El autor se nos adelanta y nos comenta:

“Las tareas y responsabilidades de gestión de un sello pueden comenzar por:  La búsqueda del artista a grabar, su descubrimiento y desarrollo, la selección del material a editar, la definición de los arreglos y los músicos participantes, etcétera.

No obstante, también abarcan aquellas funciones vinculadas a los aspectos económicos y ejecutivos de una producción. De tal modo, pueden incluir también tareas asociadas con: La coordinación del estudio de grabación, la supervisión de la mezcla final, la elección del material definitivo, la selección del material a difundir, la concepción del diseño del empaque, la fabricación del soporte en todas sus etapas y, finalmente, dos grandes ítems que hacen al rol del sello: la difusión de ese material, y sus estrategias de comercialización y distribución.” (Zapico, p.75)

¡Aquí es donde una muy importante distinción cobra sentido! Cuando hablamos de majors o sellos discográficos en un sentido “clásico” de la industria musical, estamos hablando de grandes corporaciones transnacionales que poseen cuantiosos recursos y presencia en medios de comunicación masiva. Probablemente en este momento les está llegando a la mente los sellos Sony Music, Warner Music, Universal Music y otros por el estilo. Los sellos independientes por lo general no suelen contar con grandes presupuestos para desarrollar todas estas labores, además sus formas organizativas no suelen aspirar a una jerarquía corporativa tal y como se desarrolla en “los grandes labels” y pueden fungir solo algunas de las actividades antes citadas.

Zapico (2017) nos propone una forma más específica de entender a estos sellos para comprender a mayor profundidad su papel en el ecosistema de la industria musical actual:

“Los sellos discográficos independientes, entendidos como PyMEs culturales, suelen desarrollarse en contextos de escala pequeña o mediana y a lo largo de una territorialidad de alcance local o a lo sumo regional. Por ende, la definición de “independiente” suele referir al ámbito de decisión, inversión y riesgo, que en los sellos PyME radica en su propio seno, a diferencia de los negocios de gran escala, determinados por lo general por contextos estratégicos más grandes, globales y/o regionales.” (Zapico, p.75)

Es necesario entender que los sellos independientes suelen estar asociados a autogestión o “independencia de lo comercial”, pero la experiencia tanto local como internacional nos muestra que estos pueden desarrollar una gran variedad de modelos de funcionamiento, dándose así diversas formas de jerarquía, extensión del proyecto, formas de trabajo, inclusión musical y acuerdo con las personas artistas, entre muchísimos aspectos más.

Dicho en otras palabras: nos vamos a encontrar sellos independientes exclusivos de punk, otros exclusivos de metal, y otros en los que el género musical ni siquiera es un criterio determinante para formar parte. En algunos casos estos cuentan con equipos de trabajo que podrían compararse a “pequeñas empresas”, mientras que otros son manejados por colectivos pequeños o inclusive una sola persona; pueden llegar a tener sedes regionales o internacionales, o ser agresivamente locales; algunos operan solo en la web, otros aún contemplan muy de cerca la edición  de material físico o la inclusión de todos los tipos de formatos posibles (cd, casetes, vinilos, tarjetas digitales, etc); algunos tienen una sede física, algunos cuentan con sedes itinerantes o trabajan en colaboración desde sus casas y así podemos seguir durante un buen rato mencionando diferentes escenarios.

Quizás los términos “PyMe” o “industria cultural” en asociación a los sellos independientes no siempre es una relación que causa una respuesta positiva en algunos sectores del gremio musical; pero por eso también se hace la salvedad que los sellos independientes están abiertos a diferentes modelos de gestión y trabajo. Aun así, algunos colectivos prefieren dejar clara su divergencia por lo que hay una tercera figura bastante novedosa y un tanto rebelde que cada día cobra más relevancia de la cual tenemos que hablar: los sellos de gestión colectiva. Cuando les empezamos a examinar de cerca nos podemos dar cuenta que ellos comparten una gran cantidad de convergencias con los sellos independientes, sin embargo, hay elementos que les diferencian. RECALCULANDO en la Gúia Rec (2017) nos amplía al respecto:

“(Los sellos de gestión colectiva) son un tipo de organización conformada por músicos, artistas de diversas disciplinas y gestores (diseñadores gráficos, técnicos de sonido, creadores audiovisuales, productores, ilustradores, fotógrafos, entre otros), que se plantea como una alternativa a los modelos tradicionales de sellos discográficos independientes, productoras y/o colectivos artísticos. (…) Cuando nos referimos a los aspectos más operativos de la gestión, debemos tener en cuenta que las funciones principales de un sello de gestión colectiva coinciden, a grandes rasgos, con las de un sello independiente, solo que, debido a las dinámicas de trabajo, y los objetivos y formatos de sus proyectos… se organizan y gestionan de una manera distinta, más cercana a esquemas de trabajo horizontales, en los que sus participantes ponen a disposición recursos y saberes en forma colaborativa.» (RECALCULANDO, p.96-97)

“¡Muy bien! Pero… ¿Y los sellos independientes locales?” quizás se pregunten. Para ir aplacando mis propias dudas había dedicado un amplio rato a generar un mapeo inicial con sellos independientes que logré ubicar en línea; cabe destacar que no se pretendió excluir a los sellos de gestión colectiva en caso de encontrarles debido a que se les  considera propuestas que comparten más similitudes que diferencias respecto a un sello independiente. Esta pequeña incursión permitió confirmar rápidamente no solo que hay varios sellos independientes activos a nivel local, sino que manejan una amplia variedad de enfoques de gestión de la música (se incluirá una pequeña lista al final del artículo con enlaces a los contactos encontrados en caso de que la persona lectora guste ampliar al respecto).

“Los locos de la ventana”: 3 historias de sellos independientes operando desde Costa Rica

Durante esta exploración una inferencia llamó mi atención: era visible una importante cantidad de personas jóvenes asociadas a estas organizaciones, las cuales desde una imbricación de plataformas virtuales y redes sociales daban cuenta de una clara intención de gestionar música desde un colectivo identificable. Dicha situación me llevo a contactar a Carlos Arrieta “Lithus”, mánager de prensa del sello independiente Long Beach Latinoamérica, también a las personas integrantes del sello Maldito Estudio, conformado por Karol Barboza, Luis M Machado, Frank Noguera y David Mora Robles y finalmente a Arío Rojas, mánager de Z Tapes Latinoamérica.

Después de largas pero amenas sesiones de conversación con estas personas, quedo convencido de que sus historias, experiencias y reflexiones, las cuales me compartieron con gran gentileza, nos ayudarán a imaginar “el día a día” de estas organizaciones, siempre teniendo en cuenta que su gran diversidad de formas de operar es fundamental.

Longbeach latam: trabajar unidos para sonar en todo el mundo.

Transportémonos en el tiempo por un momento. Volvamos a 1990. Más precisamente a California en los Estados Unidos. Por estas latitudes la “tercera ola de ska” está empezando a cobrar forma y cientos de artistas independientes que se encuentran fusionando el ska con el punk, reggae, surf rock, hardcore (por mencionar algunos géneros) formulan cientos de propuestas. Algunas se mantendrán rebeldes y luchando hasta al final, otras serán acaparadas por un extraño mainstream noventero que logró mostrarnos eclecticismos sumamente particulares para la época.

Skunk Records es uno de los hijos de este panorama, label fundado por Michael «Miguel» Happoldt y Bradley Nowell en 1990. El sello fue creciendo y desarrollándose en el medio artístico y Michael Happoldt eventualmente formaría la banda Perro Bravo. Es aquí cuando el baterista de dicha agrupación Greg “Mudd” Lowther, propone la formalización de un “sello hermano” que se enfoque en la música underground o “emergente”. El nombre de este sello hermano: “Long Beach Records”.

Adelantémonos ahora en el tiempo. Nos transportamos a 2021: Longbeach Records cuenta con su casa matriz en Estados Unidos (California) y otras 3 sedes en Europa (Alemania), Australia, y Latinoamérica (Costa Rica). Varios nombres de bandas y artistas conforman el catálogo general del sello independiente y su forma de trabajo nos habla de un sistema que permite la libre gestión de las sedes, pero siempre en comunicación y conjunción con la “casa matriz”, la cual incentiva la promoción de herramientas de autogestión. ¿Cómo se dio este salto en el espacio-tiempo?

“Aquí la pieza clave fue Mauricio, mae” afirma Carlos Arrieta “Lithus”, mánager de prensa de Long Beach Latinoamérica. Él hace referencia al musico Mauricio Mora, quien durante más de una década ha participado incansablemente en gran variedad de bandas tanto locales e internacionales (Cabeza de Vinil, Bambui, Thicker Than Thieves). Cabe destacar que Thicker Than Thieves es una banda con integrantes en Costa Rica y Estados Unidos, lo cual llevó a Mora a varias giras por diversos lugares, y le permitió crear diferentes tipos de conexiones y amistades con personas asociadas a la escena musical internacional. Uno de esos encuentros se dio con Greg “Mudd” Lowther. Las conversaciones iniciaron (y para no hacerles exageradamente larga la historia), Lowther acepta que el sello continúe expandiéndose a nuevos territorios y se da luz verde a Long Beach Latinoamérica: un sello discográfico independiente que busca trabajar de cerca con las personas artistas costarricenses, y por supuesto, con toda Latinoamérica.

“Este es un label que está conformado por muchas personas músicas” me comenta Carlos, quien me enfatiza que esto ha sido un factor de gran importancia, pues permite trabajar de primera mano con los artistas y tener una visión más profunda de las necesidades y preocupaciones de varios sectores del gremio. Además, se hace hincapié en la necesidad de que las personas sientan la acogida de un lugar que vela por el bienestar e intereses de las personas músicas sin dejar de lado la oportunidad de desarrollar un sentido de comunidad entre integrantes del sello.

“Ok. ¿Pero y a qué labores se dedica Longbeach Latinoamérica?” le pregunto muy interesado a Carlos. Su rostro sonríe, pero primero toma un profundo respiro. “Bueno, hacemos bastantes cosas”. Y en efecto. Durante este tiempo el sello ha estado trabajando en: producción musical, grabaciones, posicionamiento de artistas en playlist estratégicas de diversas plataformas alrededor del mundo, conciertos, sesiones en vivo, comunicación en medios, distribución musical, estrategias de comunicación, desarrollo de alianzas con proyectos creativos (Lit INC / Lit By Lit, Tiger Kiss Design), entre otras cosas. Carlos me explica que está dentro de los planes cercanos desarrollar a mayor profundidad labores de booking y management, las cuales considera también son necesarias en la escena musical y deberían ser desarrolladas con un enfoque que no se reduzca al “valor monetario de una banda”, es necesario que también se tome en cuenta el aporte cultural que las personas artistas brindan en diferentes contextos.

En este momento más de 20 personas están asociadas al equipo de trabajo de Long Beach Latinoamérica, cabe destacar que se intenta repartir labores de diversa naturaleza, para evitar el recargo de tareas de gestión, aspecto que es muy recurrente en organizaciones de esta índole. Carlos me explica que un aspecto aunado a este que es de gran fortaleza para Longbeach se ejemplifica en la incorporación de puentes de comunicación intergeneracional a lo largo de la organización y la confianza depositada en el trabajo de personas jóvenes que aportan nuevas perspectivas y formas de hacer las cosas para lidiar con una industria que se encuentra en constante cambio. Se podría decir que un último elemento clave lo conforma el trabajo en equipo y la visión de la necesidad de articulación colectiva del sello independiente con otros labels u organizaciones que trabajen con herramientas de autogestión, DIY, o “gestión cultural alternativa”[1].

“Aún hay muchos retos a los que tenemos que hacerle frente”, comenta “Lithus”, entre ellos: la supervivencia en el entorno de la gestión cultural costarricense, la necesidad de la profesionalización de las organizaciones, analizar casos de éxito/fallo para recuperar aprendizajes, desarrollar espacios de comunicación intergeneracional, y la confluencia de varias disciplinas/gremios (especialistas en leyes, gestión cultural, administración, economía, etc) en los sellos independientes. Todos estos aspectos son considerados de gran importancia por Carlos, pues cree que el cómo le hagamos frente será determinante para lo que podamos construir en el futuro y trazará una guía para las nuevas generaciones que se irán incorporando a la escena musical.

Sin duda, la pandemia por Covid-19 les ha obligado a replantear algunas estrategias y desarrollar planes diferentes, pero se recalca que el sello se encuentra en completa actividad y nos avisa que pronto tendrán el anuncio de la inclusión de nuevas propuestas musicales, una serie de sesiones en vivo, la introducción de varios productos en colaboración con emprendimientos locales, lanzamiento de una submarca del sello y actividades presenciales. Las proyecciones de Longbeach Latinoamérica sin duda apuntan alto y un equipo incansable se encuentra trabajando para poner a Latinoamérica a sonar por todo el mundo.

Maldito Estudio: “Una revolución de caracoles meciendo el follaje”

Si “Maldito Estudio”, “Maldito DeLorean” y “Las Malditas Playlist” aparecen en su mente de manera simultánea, esto para nada es una coincidencia. La relación es bastante estrecha y para hablar de uno de estos elementos se nos hace necesario visitar los otros.

Inicia la videollamada de Zoom y en la pantalla de mi computadora se asoman 4 rostros sonrientes con los que desde el primer momento he tenido una charla amena y entretenida, es la escuadra base de Maldito Estudio, quienes también son el cuarteto que conforma la banda de rock psicodélico/alternativo “Maldito DeLorean”: David Mora Robles, Karol Barboza, Luis M Machado y Frank Noguera.

Al principio de todo (ósea en 2018) estaban Luis y David. Estos amigos se juntaron para compartir sus exploraciones musicales y decidieron bautizar a su colaboración: “Maldito DeLorean”. Bajo este nombre sacaron el sencillo “Coral falsa” y los Ep’s: “Película robótica”, “Tirano Tropical” y “Tirano Melancólico”. Las personas cinéfilas y amantes de las referencias de la cultura pop entenderán que los Delorean no son automóviles comunes y corrientes; suelen generar campos de energía muy particulares. Como muestra de esto, a lo largo del 2018 varias personas se acercaron a colaborar con el dueto, teniendo un papel fundamental la artista Karol Barboza y Frank Noguera. Unos cuantos meses después Maldito Delorean era conformado por 4 mentes y los LP’s “Botánica Oculta” y “Píxeles Fantásticos” se hacían presentes en su discografía.

La producción de Maldito DeLorean estaba siendo complementada por discos solistas de todas sus personas integrantes, un proyecto que juntaba a Luis y a Frank y nuevos encuentros con personas artistas locales e internacionales. Para ponerlo en números, para el 2019 ya se contaban con más de 60 canciones en donde los nombres de estas personas autoras eran participantes. Pero algo faltaba. Era necesario crear un pequeño gran hogar que diera hospedaje a este enjambre de canciones que exploraban desde tonadas electrónicas y versos de rap hasta rock psicodélico y experimental.

Durante un convulso año 2020 y como si fuera una profecía de los meses por venir, el mes de febrero nos trajo “Contemplando la Extinción”, tercer disco de larga duración de Maldito DeLorean. Más allá de la buena recepción que obtiene la obra, hay una anotación que me parece importante, la producción musical no viene en solitario, pues la acuerpa este hogar del que hablaba en el párrafo anterior: Maldito Estudio.

“La verdad es que no era un concepto muy claro” me confiesa David. “Principalmente salió como una necesidad de ponerle nombre a todo esto que estábamos haciendo” agrega Luis. A pesar de que la idea de “Maldito Estudio” no estuviera “totalmente formada”, esto jugó a favor, pues el cuarteto se dio cuenta que al entender a Maldito Estudio como una figura de sello independiente o plataforma de gestión musical les permitía abrirse a una diversa cantidad de labores que consideraban necesarias por desarrollar, no solo para sus respectivos proyectos solistas y en compañía, esta era una oportunidad para trabajar con otras personas artistas locales y generar espacios  para el encuentro de ideas y propuestas.

Al día de hoy, Maldito Estudio se encuentra desarrollando diversas labores, entre ellas: difusión musical en medios digitales, curación de playlist por parte del equipo o en conjunción con iniciativas y artistas locales, grabación y producción musical, elaboración de bandas sonoras, sesiones en vivo, conciertos, mantenimiento de un canal de YouTube que involucra diverso contenido, etc. ¿Por qué visibilizar todo esto? Pues, no solo para contextualizar la historia y acciones que realiza el label, sino para hacer hincapié en un punto que se expuso anteriormente: los sellos independientes nacen bajo contextos sumamente diferentes, se consolidan a ritmos diversos, muchas veces las necesidades a las que deben responder son muy específicas y pueden irse transformando de manera constante.

“El hecho de compartir nuestras experiencias nos demostró que podíamos ser autosuficientes y que lo que estábamos generando tenía un valor real. Nos dimos cuenta entonces que sostenerlo era importante porque se había convertido en un lugar para crecer y aprender” comenta Karol. Constantemente el equipo coincide en que muchos de los aprendizajes se han dado por cuenta propia, pero que una parte fundamental ha sido llevarlos a un espacio de comunicación grupal, la cual también consideran debe estar desarrollada con otras personas artistas. “Entre artistas nos escuchamos. Tenemos interés por el trabajo de los demás” complementa Frank.

Para el equipo el papel de los sellos independientes dentro de la gestión local es bastante claro, estos pueden convertirse en: espacios de descubrimiento de nuevas propuestas locales, generadores de nuevos públicos, entidades capaces de fomentar el crecimiento del “mercado musical”, centros de información respecto a derechos de autor y temas afines, redes de comunicación estratégica entre personas músicas, etc. De antemano, uno de los retos identificados por parte de Maldito Estudio es enfrentar la necesidad de que esto se dé bajo un panorama en el que el proyecto sea sustentable, se dignifique la profesión de las personas involucradas y se mantengan las demandas comunicacionales que requiere cualquier proyecto de esta índole hoy en día en espacios virtuales.

 Sin duda, el terminar de amarrar toda esta propuesta en un contexto local en el que la generación de ingresos para estos proyectos es compleja es sumamente desafiante mas no inalcanzable. Es comprensible que para hacerle frente a todo esto el equipo le apueste al trabajo en colectividad como uno de los elementos fundamentales para lograr las metas que se proponen. Pero este no es un “trabajo en equipo” en el sentido trillado de la palabra. Se menciona que es necesario que las personas artistas se den espacios para conocerse a mayor profundidad, así como un mayor entendimiento de cuáles son las éticas de trabajo y visiones de mundo de las personas involucradas y si estas pueden congeniar para desarrollar proyectos. El equipo afirma que el crear espacios perceptivos y comprensivos va de la mano de todo esto. Al parecer, es un asunto de encontrar un buen equilibrio entre conformar un espacio bastante abierto pero que también quiere ser cuidadoso respecto a los pasos a dar para que la propuesta encuentre un camino sólido de crecimiento.

El cambio es constante y Maldito Estudio lo comprende. “Las formas de grabación han cambiado.  Es mucho más fácil montar algunas varas sin tener que pasar por procesos súper complicados” comenta David. Aunado a las formas de grabación, Luis agrega que las nuevas generaciones tienen relaciones diferentes respecto a la vinculación de la música con las plataformas digitales y que poseen una energía creativa que es transmitida en términos comunicacionales diferentes. Pero más que algo abrumador, lo compara con una bocanada de aire fresco. “Refrescarse es necesario” menciona con un tono alegre.

La pandemia ha hecho que Maldito Estudio reacomode algunas labores, pero no muchísimas, pues me comentan que inclusive antes de la crisis sanitaria, el equipo ha venido incorporando modalidades de trabajo a distancia que les ha permitido acercarse a formas eficientes de trabajo. Por el momento el lanzamiento de un nuevo disco de Maldito DeLorean espera pacientemente ver la luz los próximos meses, así como la presentación de nueva mercadería del estudio, nuevas producciones discográficas y enlaces con personas artistas (Madcow, Leones Dorades, Carly Lö, Rompiste mis flores), videoclips, el “Maldito Lab”, entre otros planes. «No nos cuadra esta política de guardarse las varas como secretos. Queremos compartir”, dice Frank a través de la pantalla. Puedo ver a sus compañeros y compañera apoyar la afirmación con gusto y si no me creen, que mejor sea “la maldita playlist” la que nos muestre la insistencia que ha tenido Maldito Estudio para generar espacios de encuentro musical a donde quiera que vayamos.

Z Tapes Latinoamérica: ¡El Casete está vivo!

Arte por: Cap n’ Mug (Mauricio Alvarado)

Pasan unos cuantos días después de mi conversación con Arío Rojas. Una vez más divago en Bandcamp, esta vez frente a mis ojos se encuentra “La gran mezcla latinoamericana Vol.2”. Este es el segundo compilado de Z Tapes Latinoamérica en menos de 1 año y ambos destacan por ser producciones que elaboran una ruta que nos lleva a un viaje por más de 50 temas de agrupaciones Latinoamericanas. Los sonidos son heterogéneos, los instrumentos cambian, las voces reclaman un espacio para narrar desde las pesadumbres más cotidianas hasta las alegrías más extraordinarias.

¿Mencioné que el “tapes” en el nombre es una referencia directa a que muchísimos de estos lanzamientos se sacan en formato de casete? ¿o qué Z tapes tiene su origen en Eslovaquia y se especializa en bedroom pop, shoegaze y géneros musicales alternativos/indie/experimentales? ¿Cómo se conectan los puntos aquí? Bueno, tenemos que retroceder el tiempo una vez más.

El año es 2016 y no podemos hablar de Z Tapes sin comentar el impacto que este sello independiente ha tenido en la vida de su mánager para la rama Latinoamérica, el músico Arío Rojas (Lentamente, Glaciar, Arío, entre otros proyectos). Él me comenta que durante el período del 2016 al 2018 mientras realizaba sus exploraciones musicales un espacio fundamental fue el sello independiente Z Tapes dirigido por Filip Zemcik. “Durante ese período en especial estuve obsesionado con Z Tapes (…) Puedo decir que escuché casi todo el catálogo y muchos de mis discos favoritos de esos años eran lanzados ahí” me confirma Arío.

Para quienes hemos sido testigos de la carrera musical de Arío, sabemos que este artista se mantiene en una búsqueda constante de aprendizaje y  no deja que hayan barreras que le impidan disfrutar la experimentación musical en sus proyectos. Si bien este este es un camino emocionante, no significa que no tenga sus altibajos o momentos cansados. “Estaba peleado con la música” me dice Arío, quien me cuenta que durante los años 2019-2020 se encontró enfrentándose a diversas cuestiones a nivel personal y reflexionando respecto a la construcción de su carrera musical. Entre dudas, pensamientos y consideraciones una visión quedó clara: quería participar con una producción música en el catálogo de Z Tapes. El label se reconocía no solo por su apertura a diversos géneros musicales dentro de la escena “indie”, sino que representaba un espacio en donde participaban artistas de todas las latitudes.

Después de varios demos enviados y un poco de insistencia logró capturar la atención de Zemcik, quién le propuso realizar un lanzamiento bajo “Z Tapes”. Para Arío esto fue como un sueño hecho realidad y representaba el crear un vínculo importante con un sitio que se había convertido en un gran soporte musical y emocional durante muchísimas ocasiones.

Ok. Supongo que la historia podría terminar aquí con este final feliz…pero hay más. Arío notó que en label la representación de artistas en español era poca, pero que esto no era deliberado, sino que la oportunidad de comunicarse con una mayor cantidad de propuestas latinoamericanas no se había dados. Donde algunas personas podrían identificar “un faltante”, Rojas visualizó una gran oportunidad y después de muchas conversaciones y (re)formulación de propuestas, logró acordar con Filip la apertura de la rama “Z Tapes Latinoamérica” para 2020. En tan solo pocos meses Costa Rica se consolida como una sede oficial del label, la cual se encuentra coordinando compilaciones digitales, producción de casetes y generando redes de trabajo con diferentes medios de comunicación especializados a nivel regional.

Es necesario entender que dos de los formatos de soporte de sonido más importantes aquí son los casetes y las ventas digitales (a través de Bandcamp). Sí. Así es. ¡No den por muertos a los casetes! Pues si lo hacen podrían estar privándose de una visita a la tienda física de Z Tapes en Bratislava o alguna de las “pop-up stores” que suelen operar en algunas zonas de Asia, las cuales venden cintas del sello discográfico. Pareciera que un retorno del casete aún no es tan visible a nivel local, pero Arío me comenta como esta situación en Latinoamérica empieza a cambiar lentamente y que ya podemos empezar a identificar países como México, en donde operan comunidades que se enfocan en la colección y búsqueda de este formato.

Por el momento el trabajo de Z Tapes Latinoamérica se encuentra centrado en Arío, pero esto no quiere decir que el trabajo colaborativo con las personas artistas no sea determinante. De igual manera diversas vinculaciones se han hecho con otros sellos independientes y emprendedurismos locales, entendiéndose que la visión de la “autogestión” es importante en todo esto.

Una vez más me parece encontrar una reflexión del trabajo colectivo que se aleja de sus visiones simplistas: “Es necesario entender la colaboración como algo orgánico” me comenta Arío, explicándome que es necesario que algunas uniones deben darse con calma y siempre con miras de conocer más a las personas involucradas y sus éticas de trabajo. Además, me recuerda que de alguna manera u otra Z Tapes Latinoamérica tiene independencia en su gestión pero que no deja de estar estrechamente vinculada con su “base” ubicada en Eslovaquia, por lo que es necesario que a lo interno haya buena comunicación respecto a los pasos a seguir.

Z Tapes Latinoamérica también nos recuerda que la colaboración entre sellos es importante, siempre teniendo como punto de entrada el respeto por las propuestas y el no entenderlas como “competencia”, sino más bien como entidades que nos van a permitir generar redes de apoyo. Desde esta visión, los sellos independientes tienen la posibilidad de ayudar a las personas artistas a dinamizar los flujos de escucha musical y generar espacios que permitan incluir propuestas diversas e inclusivas que puedan darse su lugar tanto en medios alternativos como en aquellos de corte más tradicional.

Dicha visión no subestima los retos que implica desarrollar un panorama como tal; la sostenibilidad y la falta de inversión en proyectos que apuesten por lo musical es quizás lo más claro. Sin olvidar esto, hay otros aspectos que entran en juego, como la necesidad de crear redes de apoyo emocional, aprender a establecer vínculos duraderos en un colectivo de trabajo y desarrollar mayor incidencia desde plataformas de comunicación especializadas en música, las cuales históricamente han tenido dificultad para mantener cierta constancia y alcance masivo a nivel local.

“Somos una generación que rompe muchos estereotipos sobre la música nacional. Ya no los creemos… no nos hacen algún sentido” me comenta Arío con calma, quién también cree que tenemos una relación muy distinta con los medios digitales y que estos son fundamentales a la hora de buscar acompañamiento para las producciones musicales.

Por el momento Z Tapes se prepara para nuevas compilaciones, las cuales a Rojas le gustaría fueran enfocadas en “música urbana” y también en agrupaciones con miembros de la comunidad LGBTQ+. Se vienen nuevos lanzamientos discográficos por parte de bandas locales, y si todo sale bien conciertos y festivales en el mediano/largo plazo. Arío me explica que este es un proceso que no debe realizarse con prisa, porque cada momento de su consolidación es importante y está seguro de que es un proyecto que debe sentar bases sólidas. No importa si esto implica que estas sean colocadas lentamente y con cuidado; el dar pasos firmes es la prioridad acá y desde ya la estrategia está rindiendo buenos frutos.

A modo de cierre (preliminar)

No creerán lo que encontré
caminando por horas
En estas tormentas hay ocultado un tesoro,
brilla en mis ojos.

Lentamente – Canción: Ursa Menor. Álbum: Expresión Rosa. Sello discográfico: Z Tapes Latinoamérica

Entonces ¿Son los sellos discográficos independientes la forma organizativa que nos brindará una salvación ante una industria capaz de desarrollar grandes estructuras monopolizadoras alrededor del mundo? Vamos más despacio. Respecto a esta pregunta el músico costarricense Daniel Ortuño nos tiene una respuesta: “No realmente”. Su explicación es muchísimo más detalla y les exhorto a escucharle en esta entrevista para el programa “Preguntas Universales” de Radio U, pues tal y como lo comenta Ortuño, los sellos no son una carta mágica, pero si juegan un papel importante dentro del desarrollo de una escena musical y estos deben ser entendidos en su contexto histórico y particular para comprender adecuadamente el papel que se encuentran desarrollando en un tiempo y lugar determinado.

Esto de inmediato me lleva a varios cuestionamientos ¿Cuál ha sido la historia de los sellos discográficos en Costa Rica? ¿Cómo entra en comunicación con la de los sellos independientes? ¿Cómo cambian estos con la entrada de la digitalización musical en el siglo 21? Priscilla Carballo en su libro “Por las Calles del Rock” nos brinda varias pistas históricas y nos deja ver como este es un campo a nivel local que necesita más exploración y nos obliga a reconstruir varios momentos de la historia musical del país. En este momento la investigadora se encuentra llevando a cabo varios estudios relacionados a los sellos discográficos, los cuales esperamos con ansías para aprender más del tema.

Es muy probable que los programas radiales de “Findependiente” de Daniel Ortuño y libros como “Perra Pop: Mixtape” de Fo León (2016), nos permitan también generar un mapeo de bandas y artistas que han tenido experiencias con este tipo de organizaciones durante los últimos años. El campo de investigación invita a que nos acerquemos a reconstruir una historia que está estrechamente ligada con la producción musical de nuestro país a través de los años.

Por otro lado, es necesario destacar que la sostenibilidad de los proyectos y el sentar bases sólidas de trabajo colectivo a largo plazo siguen siendo preocupaciones legítimas, las cuales las personas con las que conversé no subestiman y se toman con seriedad. El generar conciencia al respecto les exige crear propuestas que sean compatibles con sus visiones de mundo y ética de trabajo.

Ahora bien, supongamos que hilamos un poco más fino dentro de las posibles rutas que nos brindan las preguntas: ¿Cómo la política cultural de las entidades de los gobiernos actuales está capacitando a estos colectivos de músicos para apoyarles en su incorporación al “mercado musical”? ¿Se les tiene debidamente mapeados? ¿Se comprende a profundidad lo heterogénea de la naturaleza de estos colectivos y la multiplicidad de formas que la misma estructura les permite manifestar? ¿Qué tipos de relaciones de comunicación se están desarrollando con ellos? ¿Se responde a una gestión cultural desde “lo monetario” o desde una perspectiva que tome en cuenta diversas intersecciones?

De igual manera se podría lanzar unas cuantas preguntas a los sellos independientes: ¿Cómo es su relación con FONOTICA? ¿La tienen del todo? ¿Le ven los sellos independientes como una alianza o una entidad que más bien representa aquello por lo que el vocablo “independiente” es recalcado? ¿Hasta dónde llega esa “independencia” de los sellos para el caso local?

Varios casos de investigación desde Argentina, España y Colombia[2] nos invitan a pensar los sellos en toda su complejidad. Me interesa rescatar el aporte de la investigadora argentina Ornela Boix (2020) quien después del análisis de estas entidades hace énfasis en las de corte independiente y aquellas que apelan por la gestión colectiva. Ella nos comenta:

“En este trabajo, hemos mostrado cómo la denominación sello, que remite a un fenómeno en extremo conocido y expandido en los mundos musicales, el del sello discográfico, designa nuevas prácticas y sentidos para los músicos jóvenes contemporáneos. El tipo de sello musical que estudiamos desborda un patrón de producción de fonogramas, una lógica de funcionamiento a partir de los géneros musicales como sectores de mercado y unos rendimientos económicos medidos, exclusivamente, en términos empresariales. Por el contrario, en estos sellos musicales descubrimos la ampliación de las actividades creativas que hacen emerger la música, una reunión de proyectos musicales que no se identifica por cualidades exclusivamente sonoras o estilísticas, y una forma de producir música que funciona a partir de una red de amigos y de pares regulada por la noción de sustentabilidad económica.”  (Boix, p.17-18)

Durante la conversación con “Lithus” se destacó una referencia a un artículo realizado hace un tiempo atrás por el periodista Carlos Soto, cuyo titular anuncia: “Trabajar juntos o perecer solos”. Carlos me comenta que para él este título fue sumamente revelador, pues le resulta como una verdad que obliga a los sellos independientes y otras entidades de gestión musical a re-pensarse como propuestas. Es aquí cuando el trabajo colectivo toma un papel protagónico y se vuelve relevante en una época en donde la industria musical ha virado agresivamente a la digitalización, pero también se encuentra en la mira de impredecibles transformaciones.

Queda una buena cantidad de preguntas por hacer, y se podría decir que este es un tímido intento de generar un acercamiento a la superficie del “aquí y ahora” de un tipo de organizaciones que tienen más de 50 años de formar parte de la historia musical de nuestro país. Una generación de personas jóvenes que creen en la reivindicación de la música local y regional se hace presente y nos invita a pensar a estas formas de organización como un campo flexible aún en construcción, pero con la meta de consolidarse en uno capaz de adaptarse a diversas formas de trabajo y futuros posibles para nuestra música.

Referencias bibliográficas.

Boix, O. (2020). Sellos musicales ayer y hoy. Revista Argentina de Estudios de Juventud, 14, e034. https://doi.org/10.24215/18524907e034

Carballo, P. (2017).  Por las calles del rock: Aproximaciones al desarrollo del rock en Costa Rica 1970-1990. Editorial Arlekin.

León, F. (2016). Perra Pop: Mixtape. Editorial Germinal.

RECALCULANDO (2017). Sellos de gestión colectiva. Trabajar juntos para llegar más lejos. Guía REC. https://www.cultura.gob.ar/media/uploads/05-sellos-de-gestion-colectiva_guia-rec.pdf

Zapico, D. (2017) Gestión de sellos independientes De la pasión por divulgar música a nuestra PyME cultural. Guía Rec. https://www.cultura.gob.ar/media/uploads/04-gestion-de-sellos-independientes_guia-rec.pdf

Pequeño compilado de sellos independientes locales:

Sanatorio Records

Unicornio de Origami

Sonido Nuevo Records

Pink Matter Dark Noise

Hero Records

La Golondrina Records

Conquista Records

Lácteo Cósmico

Bello Monte Records

Hillhouse Records

Sucker Punch Records

Langosta Arcoiris

Vibras The Music Company

Yard Records

Resistencia Subversiva

Gbh Recordz

Bzk Records

Ligero Records

Ministry Records

Bien Malo Records


[1] Para leer más respecto a la discusión de la elaboración de este término se recomienda leer el capítulo 3 “¡Por supuesto que es Gestión!”: la gestión cultural alternativa del ska en Costa” en el trabajo “Juventud y chivos de Ska: una forma de gestión cultural alternativa” de Jessica Álvarez López y Fernando Obando Reyes. (2017)

[2] Para mayor información se recomienda buscar los siguientes títulos: “Música para Camaleones”, “Los Sellos de Gestión Colectiva” y “Una mirada al ejercicio colectivo de los sellos independientes