Costa Rica: Salud mental en deterioro – Centro Agenda Joven en Derechos y Ciudadanía
Plantilla tomada de freepik.es

Por: Maikol Picado Cortes

Recientemente se presentaron los datos de una investigación de la Universidad Nacional y la Universidad Estatal a Distancia, ambas universidades públicas del país, que arroja números preocupantes sobre el deterioro de la salud mental de las personas costarricenses. Se realizó con personas entre los 15 y 80 años; algunas dimensiones psicológicas abordadas fueron: el estrés, la depresión, adherencia a las medidas de protección, relaciones emocionales, manifestaciones físicas, ansiedad, miedo social, entre otras.

El estudio que se titula “Salud mental y relaciones con el entorno en tiempos de COVID-19” estima que alrededor de 1 300 000 (un millón trecientos mil) costarricenses presentan mayor afectación mental relacionada con el COVID-19.

Se expone que a nivel de impacto corporal; sentirse más cansado de lo habitual, los dolores de espalda cuello o musculares y el dolor de cabeza fueron los aspectos mayormente mencionados, en el ámbito cognitivo se encontró que las personas expresan como mayores dificultades; pensar continuamente durante el día en problemas, inconvenientes para conciliar el sueño o despertar durante la noche y dificultad para relajarse o desconectar, además, sobre lo conductual las personas expresaron; desajustes en la alimentación en el sentido de comer de más o poco y el aumento en el consumo de cafeína o nicotina, entre otras, por su lado sobre la afectación en el impacto emocional; va en el sentido de tener cambios de humor y sentirse hipersensible emocionalmente, finalmente hubo un mayor aumento en el miedo, seguido por la depresión y la ansiedad. En cada una de las dimensiones evaluadas se identificó que las mujeres son las más afectadas, además, los grupos de población con mayores inconvenientes relacionados con el deterioro de la salud mental se componen por aquellas familias con un número mayor de miembros (5 o más) y aquellos hogares con un menor ingreso económico (alrededor de 650 mil o menos). Otro dato relevante expone un mayor aumento de la depresión en aquellas personas que perdieron el empleo por el COVID-19.

Estos datos dan cuenta de las graves consecuencias que han sufrido un número considerable de personas a raíz de la pandemia en su salud mental, situación que se mezcla con otras problemáticas de índole económica, política y social. Tenemos un gran reto como sociedad, en un año preelectoral, con una pandemia que aún no acaba y con situaciones de país que ameritan pronta solución, pero en donde no se vislumbra voluntad política.

Además, todo apunta a que seguirán los recortes presupuestarios a la inversión pública en salud, en educación y en las personas, lo que indudablemente traerá como consecuencia un encarecimiento de los servicios que presta el Estado. Es en este panorama que las personas deben intentar encontrar estrategias para afrontar estas situaciones que como se mencionó están socavando la salud mental y física. Por esto es importante recordar una vez más que conversar sobre los problemas con otras personas es una herramienta útil para buscar una salida, también se puede echar mano del deporte, la naturaleza, el arte y aquellas cosas que pensemos que de alguna forma nos pueden ayudar a estar mejor, siempre se debe considerar como primera opción la búsqueda de ayuda profesional.

La salud mental es un tema que si bien es cierto  ha tenido mayor abordaje y difusión en años recientes, siempre se ha relegado a un segundo plano, ideas del pensamiento común como “ir al psicólogo es de locos” o “¡eso no es nada! ahorita se le pasa” en referencia a crisis de ansiedad o ataques de pánico, dan cuenta de esto, es importante a raíz de los datos tan poco alentadores, que se eduque a las personas en el tema de salud mental, su promoción y en la prevención de situaciones que la deterioran. Esto desde diferentes frentes o espacios como lo pueden ser la educación primaria y secundaria, los programas de extensión y acción social de las universidades públicas, desde la Caja Costarricense del Seguro Social y otros actores importantes como la empresa privada, que son fundamentales para el bien común en nuestro país.

La pandemia seguirá este año, la recuperación económica es lenta y además, no será la panacea que vendrá como arte de magia a recuperar lo perdido o a solucionar todos los problemas, una campaña electoral (una vez más prematura) que arrancó, una cantidad enorme de personas excluidas de los espacios sociales en salud, educación, empleo, arte y política, un país en crisis política que permea lo social y económico, un panorama poco alentador pero en el que se debe tener siempre claro que con una salud mental favorable y positiva, enfrentar la crisis será un reto difícil pero superable, sin salud mental el futuro pinta a que todas las problemáticas continuarán agravándose.

Pensemos al país como una persona que sufre depresión o ansiedad, padecimientos que se convierten en obstáculos y malestar para poder cumplir con las actividades diarias de esta persona, como trabajar, mantener relaciones positivas con su entorno, el autocuidado, el esparcimiento, entre otras, si tenemos una gran parte del país sufriendo de estos padecimientos, la situación se podría homologar, las labores que tenemos que sacar como sociedad y país se verán truncadas, serán más lentas o simplemente no serán. La salud mental depende de cada individuo y también de la sociedad como conjunto, ahora no solamente se deja atrás a miles de costarricenses por la desigualdad social y económica, ahora crece la brecha entre aquellos ticos y ticas que pueden tener salud mental y aquellas personas que no.

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